Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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El Verano del 19

UNO

Como revolución derrotada califica el historiador Francisco Moscoso nuestro Grito de Lares. Ello tras advertir que el Grito de Lares no fue un motín, asonada o raquítica algarada, como se lo despacha cuando se pretende ningunear su significancia.

Para referir la voluntad de librarse de un mando opresor hoy decimos insurrección y ayer decíamos grito. Como Grito de Asensio se bautiza la declaración de la independencia uruguaya el año 1813. Como Grito de Dolores bautizan el cura Miguel Hidalgo y sus compañeros de ideal la insurrección mexicana contra España. Como Grito de Yara se nomina la primera declaración de independencia cubana, hecha por Carlos Manuel de Céspedes el año 1868.

La calificación de Moscoso da pie a un cuaderno justo, preciso y valioso en grado sumo y en el cual la opinión florece del estudio y el pensamiento sugeridos por una bibliografía amplia y la inteligencia templada del autor. Lo edita el año dos mil tres el Instituto de Cultura Puertorriqueña y se titula La Revolución Puertorriqueña de 1868: el grito de Lares.

Enaltecen el cuaderno unas ilustraciones estremecedoras del magistral artista gráfico Juan Álvarez O’Neill. Los provechos arrancados a la luz y la sombra, los logrados claroscuros y la convincente dialéctica gestual, dotan las ilustraciones de una dramaticidad majestuosa. Y las transforman en ejemplo irrefutable del arte capaz de redimensionar la amenaza.

DOS

Ciento cincuenta y un años cumple hoy, lunes, veintitrés de septiembre del dos mil diecinueve, nuestra revolución derrotada.

Al margen de las conmemoraciones esperables sospecho que el cumpleaños pasará por debajo de la mesa, igual que pasaron los últimos veintitrés de septiembre. Después de todo se trata de una fecha que emociona por cuanto pudo haber sido y no fue que evoca el conocido bolero, otra efeméride trunca en nuestro calendario patriótico. Un calendario que la literatura reivindica al rescoldo del dato que sobrevivió oculto, las aportaciones imprevisibles de la memoria colectiva y la imaginación libérrima del escritor. Jamás faltan héroes y tumbas en las revoluciones derrotadas.

Digo reivindicaciones y pienso en las que emprenden El grito de Lares de Lloréns Torres y Mariana o el alba de René Marqués, reivindicaciones que desmontan la historia, pero sin traicionarle el meollo ni regatearle la substancia veraz. Un meollo que ya es hijo legítimo del tiempo y de la historia. Que se define como registro de sucesos memorables ocurridos en el pasado.

TRES

La historia mucho entusiasma en la dimensión de suceso que testimonian ocho o nueve generaciones de variada procedencia étnica y múltiple edad. Piénsese en la involuntaria renuncia al poder del doctor Ricardo Rosselló. Una renuncia ya acotada en los límites de la historia puertorriqueña contemporánea, así como en la biografía de sobre el millón de personas que gestionó la misma.

Asimismo, mucho entusiasma constatar el análisis sucesivo a que da lugar un mismo hecho.

Quien dice análisis dice interpretaciones, dispares puntos de vista, versiones encontradas, hasta opiniones sustentadas por un derecho que responde al dogma hoy enarbolado como verdad inapelable: Ésa es mi opinión personal argumentan los dogmáticos de nuevo cuño, los dogmáticos de la opinión incuestionable en tanto que personal. ¿Será que todos llevamos la razón cuando se trata de opinión? Siendo así, ¿le deberemos una disculpa histórica a la memoria de Adolfo Hitler? El asesino con mayor déficit de humanidad en toda la Humanidad, no hizo otra cosa que ejercer la monstruosa opinión personal cuando mandó a aniquilar seis millones de judíos.

CUATRO

A la hora actual decir Grito de Lares es aceptar que la memoria es la sangre de la historia. Pero, no la sangre derramada, sí la sangre circulante que construye la vida. De ahí que en La memoria rota Arcadio Díaz Quiñones consigne una metáfora brillante y de eficacia singular sobre nuestros inevitables exilios y destierros. De ahí que Áurea María Sotomayor bautice Sitios de la memoria uno de sus poemarios regios, replicantes, reporteros. De ahí el júbilo que atacó la memoria boricua el Verano del 19, el verano cuando un millón de estafados le cerró el paso a una docena de escoltados que cobraba una fortuna por zaherirlos y humillarlos. Por cierto: ¿hay un solo escoltado sin pensión, uno solo sin la posibilidad de agenciarse un contrato, inmediatamente, en la Cámara o el Senado?

Como la memoria es la sangre de la historia en aquella multitud que invadió Old San Juan el verano del 19 cupimos cuantos quisimos caber. Hombres y mujeres y niños. Viejos y jóvenes. Creyentes y agnósticos. De la raza blanca y de la raza negra y de las ilimitadas flexiones étnicas a que dan lugar los apareamientos de ambas razas. Gente pudiente y gente desvalida. Heterosexuales, bisexuales, gay. En fin, cuantos vivimos convencidos de que las segundas oportunidades hay que ayudarlas a llegar.

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