Lisandra Maldonado Rivera

Tribuna Invitada

Por Lisandra Maldonado Rivera
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El verano de Puerto Rico después de Irma y María

El 21 de junio oficialmente comienza la temporada de veraneo en Estados Unidos. Pero para los puertorriqueños el verano tradicionalmente tiene su inicio en junio, debido a que en mayo terminan las clases en la inmensa mayoría de escuelas de la isla.

Esos dos meses, junio y julio, son los que nuestras familias tienden a utilizar para tomar un “receso” de sus trabajos y labores con el propósito de compartir y disfrutar. Sin embargo este verano será muy diferente a los demás. Para empezar, es el primero después de la devastación causada por el impacto de los huracanes Irma y María en septiembre pasado, la cual forzó, entre otras cosas, el éxodo de sobre 350,000 puertorriqueños a estados como Florida, Texas, Connecticut, Pensilvania y Nueva York.

Desde septiembre 2017 hasta este febrero, cerca de 250 mil puertorriqueños hicieron de Florida su hogar, particularmente las áreas entre las ciudades de Orlando y Kissimmee. Muchos han decidido quedarse y tratar de hacer una nueva vida ahí; otros todavía no saben si regresan o se quedan. Datos reflejan que de la histórica ola migratoria del año pasado, apenas alrededor de 14,000 puertorriqueños, principalmente personas sin hijos en edades escolares, han regresado a la isla. Todavía no existe data precisa sobre el cuántos piensan relocalizarse nuevamente en su terruño. Lo que sí podemos establecer es que muchas de estas familias vendrán en los próximos meses a compartir con sus seres queridos, ya que en junio finalizan las clases en Estados Unidos.

Si tomamos la información disponible sobre los patrones de viaje del puertorriqueño que se han establecido en los estados, y colocamos el factor Irma y María en la ecuación, es fácil concluir que serán decenas de miles los que este verano lo pasaran aquí, en su casa.

No cabe la menor duda que una de las decisiones más difíciles que hace una persona es mudar su vida a otro lugar. Para muchos, esto nace de la necesidad de buscar una mejor calidad de vida, mientras que para otros es una necesidad apremiante. Cualesquiera que sean las motivaciones para su partida, estas personas continúan añorando el calor de su Puerto Rico y regresan para asimilar ese sentimiento y añoranza.

Por otra parte, muchas otras familias estarán inmensas en los procesos de reconstrucción de sus hogares y haciendo los preparativos necesarios para enfrentar otro fenómeno atmosférico. Así que en las próximas semanas veremos un “boom” sin precedente en la construcción y reparación de viviendas, haciendo de este verano también una temporada de preparación.

Los huracanes tuvieron, además, un efecto negativo en los ofrecimientos de entretenimiento que teníamos en Puerto Rico. Muchos parques de recreo, por ejemplo, fueron destruidos o sufrieron severos daños, mientras que otras facilidades sencillamente no tienen la capacidad para volver a operar. Pero, gracias al esfuerzo de nuestra gente, poco a poco plazas de disfrute, como teatros, restaurantes, parques ecológicos y cines, entre otros, están reabriendo sus puertas.

Ante el disloque de Irma y María, hemos adquirido un sentimiento de valor para este tipo de actividades tan necesarias en la sociedad. Todavía recordamos las enormes filas de personas para entrar a los pocos centros comerciales que abrieron en octubre, todos buscando un sentido de normalidad, de rutina. Este verano después de Irma y María en Puerto Rico, donde la reunificación de familias, sea permanente o temporera, y el sentido de salir adelante serán lo que marque esta época.

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