Milagros Pérez Pietri

Perspectiva

Por Milagros Pérez Pietri
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El verdadero duelo tras María

El 20 de febrero de 2018 se cumplirán cinco meses del paso del gran huracán por Puerto Rico. Muchos siguen decaídos y confundidos. Es de esperarse; fue una sorpresa brusca y nefasta de la cual no se recupera de un día para otro. La ciudadanía perdió seguridad, pertenencias, hogares, empleos, amigos, familiares, lugares de recreación, servicios básicos y tantas cosas más. No han sido pocos los quebrantos. 

Los que se fueron perdieron igualmente; nadie crea que abandonar su entorno es cosa fácil.  Es razonable que unos y otros, luego de tantas pérdidas, se encuentren en un periodo normal llamado duelo.

No sabemos si cinco meses es suficiente tiempo para sentirse emocionalmente recuperado pues desconocemos si hay un lapso estándar y sensato para terminar un duelo.  Presumimos que todos no recuperarán al unísono en una acción sincronizada; dependerá de cuánto se perdió y cuánto apoyo se recibió. Imaginamos que es conveniente, durante la duración de ese periodo, crear una disposición de trabajo y deseo de recuperación que conduzca con coherencia a la plena reparación. Los psicólogos podrán orientar.

Nos preguntamos si es saludable pretender acortar forzosamente el periodo de duelo, enmascarando penas y preocupaciones, y simulando positivismo exagerado. Quizás  podría crearse el riesgo de retrasar la recuperación saludable y total. Una cosa es un pueblo en duelo, trabajando fuerte, animados  y armoniosamente para reparar lo perdido hasta conseguir normalidad, y otra cosa es estimular a un pueblo a bailotear, gastar dinero en comer y beber, enajenándolos para que piensen que mejor es gozar y olvidar.

¿Qué pasa cuando terminan los momentos de buena música, comida, bebida y compañía, y se tropieza con calles oscuras, desolación, semáforos caídos y prójimos desaliñados y hambrientos? Parece ser que vuelve la desazón, regresa la incertidumbre y, en lugar de adelantar unos pasos para terminar el periodo de duelo, se caminan varios hacia atrás. No sabemos… parecería ser más atinado pasar por un tiempo de entusiasta planificación y acción coordinada con ímpetu y entrega para lograr, lo antes posible, un estilo de vida seguro y saludable. Hay aturdimiento; solo los psicólogos podrán explicar.

Esto recuerda la escena de la película Titanic cuando los músicos tocaban, la gente se divertía y el barco sucumbía. Conocemos el final - el barco se hundió y pocos sobrevivieron. Son escenas extrañas que confunden a los que están en la isla y a los que observan de lejos. ¡Ojalá se nombrara a una junta especial de psicólogos que asesore al pueblo y a los líderes! Al fin y al cabo, el deseo general es que Puerto Rico no se complique con simuladas apariencias, falsas expectativas y ensimismamiento que solo traen más desesperanza, confusión y retraso en el tiempo de recuperación real.

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lunes, 5 de febrero de 2018

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