Luis Pedraza Leduc

Tribuna Invitada

Por Luis Pedraza Leduc
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El verdadero huracán se llama PROMESA

El 30 de agosto de 2017, la clase trabajadora en Puerto Rico enfrentaba el riesgo de una reducción de jornada de dos días al mes a cerca de 168,000 empleados públicos. Tal medida afecta a todo el país, independientemente de si usted trabaja en el sector público o privado. De igual manera, otros 160,000 pensionados están amenazados de ver reducidas sus pensiones en un 10% o una cantidad mayor. Como si fuera poco, el presupuesto aprobado para el año fiscal vigente por la Junta de Control Fiscal, impuesta por la Ley PROMESA, incluye millonarios recortes en salud, educación, cultura, vivienda, servicios de alimentación y protección social. Por otro lado, los recortes se acompañan con una serie de impuestos que resultan en una reducción aún mayor del poder adquisitivo de la clase trabajadora.

Los días 6 y 20 de septiembre Puerto Rico recibió el azote de los huracanes Irma y María respectivamente. Un huracán de la fuerza y magnitud de los acontecidos no solo destrozaron miles de techos, afectaron los servicios de energía eléctrica y suministros de agua, sino que han significado la muerte de cerca de una veintena de ciudadanos y ponen en riesgo la salud de miles de pacientes de condiciones que requieren tratamiento continuo como pueden ser servicios de diálisis, diabéticos y otras condiciones de salud.

La realidad de ver un país caribeño sin el verdor al que estamos acostumbrados, la carencia de servicios básicos y la falta de la aparente discreción para seleccionar el lugar de consumir ya sean alimentos, recreación o diversión nos hace sentir que vivimos una situación de devastación total y permanente. La falsa ilusión de vivir en una sociedad que responde a exigencias de un país del primer mundo provoca que miles de ciudadanos se planteen ir a mudarse a un lugar de los Estados Unidos donde los huracanes, en unión a tornados, racismo, desigualdad y pobreza coexisten en igual grado o mayor que en Puerto Rico.

La versión oficialista nos convoca a pasar página y levantar al país. Sin embargo, la Junta de Control Fiscal aún mantiene vigente su reclamo de reducción de jornada y las pensiones de los jubilados. El bono de Navidad, ya reducido, se propone eliminarse. Las licencias de vacaciones y enfermedad, hoy tan necesarias, han sido reducidas y embargadas por las ausencias obligadas.

La Junta y el gobierno mantienen comunicación y reuniones permanentes para implantar el Título V de la Ley PROMESA que les faculta para la aprobación y financiamiento al sector privado para el desarrollo de proyectos de infraestructura, que sin la ayuda de la crisis causada por Irma y María no se justificarían.

La directora ejecutiva de la Junta, Natalie Jaresko, ya expresó que la implantación exitosa del Plan Fiscal no significa mejoramiento de la economía. Que para ello se requiere la reestructuración de la deuda y la aplicación del Título V. Es de esa manera que Puerto Rico regresa al ciclo de volver a tomar prestado, se endeuda y engorda las arcas de bancos, inversionistas y multinacionales.

Esta realidad cruel y grave, que discutíamos diariamente en cuanto al control y gobernanza del país por siete representantes del capital nombrados por el Congreso, se ha minimizado ante la crisis (no menos real) del paso temporal de dos huracanes. De los huracanes nos reponemos como país en tres o seis meses. Sin embargo, estamos viviendo dentro del ojo del huracán PROMESA.

Desde el 30 de junio de 2016 hemos estado recibiendo informes preventivos de los vientos del huracán PROMESA. Ya para el mes de marzo del 2017 comenzaron sus ráfagas con avisos de que durarán por lo menos diez años. Ya en julio de 2017, empezamos a sentir su fuerza. Millones menos a la educación pública y la Universidad de Puerto Rico, reducción de jornada, eliminación de beneficios negociados en los convenios colectivos, reducción de pensiones y eliminación de sistemas de retiro, entre otros.

Repetimos, estamos hoy viviendo la aparente calma del ojo del huracán. Pronto llegará la virazón y con ella los vientos huracanados desatados por la Junta, vientos políticos jamás vistos y sufridos en nuestro país caribeño. 

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