Andrés Waldemar Volmar Méndez

Tribuna Invitada

Por Andrés Waldemar Volmar Méndez
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El voleibol puertorriqueño nos necesita

El 6 de junio de 1844 se fundó la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en inglés). Este movimiento surgió como respuesta al abuso excesivo que existía entre la juventud trabajadora con los juegos de azar y las bebidas alcohólicas. Ese frente de jóvenes cristianos buscó alternativas de recreación sana en su tiempo libre. Su objetivo principal era el desarrollo integral recreativo de los jóvenes de una manera holística deportiva con una base cristo-céntrica. 

En 1895 el director del programa de educación física de la YMCA, William Morgan, creó la disciplina del voleibol ante un ejercicio de exploración de nuevas tendencias que integraran el juego de entrenamiento y competencia a su vez. Diversificando su programa nace la disciplina del voleibol. Fue la misma YMCA la que se encargó de introducir este deporte a otros países en el mundo. Entre la lista de estos países se encuentran: China, Canadá y México; países que hoy participan del evento mundial más importante en esta disciplina, el Grand Prix. 

Incluyendo a Puerto Rico, que abre sus puertas nuevamente para ser una de esas paradas, se convierte en la edición número 25. Aunque originalmente se desprendía de la historia que esta disciplina deportiva había sido integrada a Puerto Rico por la YMCA existe una nueva y valiosa información que presenta la probabilidad de que este deporte se jugó por primera vez en Puerto Rico para 1899 con la entrada de los estadounidenses después de la Guerra Hispanoamericana. De confirmarse esta información, Puerto Rico se posicionaría como el primer país latino donde se jugó el voleibol por primera vez. Ciertamente, en esta edición número 25 del Grand Prix quisiera expresar un sincero reconocimiento a la labor encomiable de la YMCA en el desarrollo de esta disciplina y la masificación de la misma. Esta organización juega un papel protagónico en la génesis de este deporte que aún brinda las mejores lecciones de empoderamiento y continúa dando la buena batalla. 

Recientemente, el voleibol atraviesa momentos muy duros. Comenzamos con la noticia agridulce de que Puerto Rico pudiera quedar fuera del Grand Prix en el 2018 como parte de un nuevo formato que solo permitiría 16 selecciones y no 32 como está aprobado para esta edición 2017. Sería injusto que Puerto Rico, siendo probablemente el primer país latino en jugar este deporte en el mundo, quede fuera de la edición Grand Prix 2018. El principal obstáculo para que esto ocurra es el mercadeo pequeño de Puerto Rico que limita a la selección a participar de ese evento que ha sido rediseñado para aumentar las ganancias económicas. 

Por otra parte, otro duro proceso que nuestros jugadores atraviesan es la aprobación unánime de un máximo de cuatro refuerzos por equipo, siendo el denominador común el factor economía, afectando así a nuestras jugadoras nativas. Por esta razón, es importante y necesario hacer una introspección como país. Por eso invito, a través de este medio, a juntos hacer un buen frente, lleno de respeto, pero también de esperanza. Les exigimos a nuestros jugadores pero resulta muy fácil criticar y exigir desde una red social frente a un artefacto electrónico y no participar en cuerpo presente de todos los partidos, temporadas y eventos internacionales. 

Ambas noticias, que han causado mal sabor en la comunidad del voleibol, redundan en el factor económico. Un equipo sin fanaticada no tendría razón de ser. Somos los fanáticos quienes estimulamos, damos vida al deporte y muchas veces damos por efímera la contribución de un simple gesto, de asistir a un partido y comprar un boleto. 

Debemos demostrarle a nuestro país, a nuestros jugadores y al mundo, a través de la organización internacional de voleibol, de qué estamos hechos y así apuntarnos logros como el de la YMCA en 1844 que nos privilegió con la creación del deporte del voleibol que hoy por hoy disfrutamos. Nuestros jugadores dejan la vida dando el máximo en las canchas y no sería justo que el mecanismo que utilizan para sustentar a su familia esté en juego por nosotros como fanáticos no responder ni brindarles nuestro apoyo incondicional. Busquemos que este proyecto se convierta en un movimiento de país y apoyemos en las canchas no solo durante este magno evento que nuevamente se celebra en Puerto Rico sino también de cara a la nueva temporada del voleibol superior.

Cabe destacar la histórica ejecutoria en el Grand Prix 2016 que tuvieron nuestras integrantes del sexteto de Borinquén. Nuestro equipo logró dominar la fase preliminar del Grupo 2 de manera perfecta con seis victorias en línea. Dominaron a países que nos doblegaban y nos hasta triplican en términos de población. Dice mucho de nuestros atletas puertorriqueños. Países como Polonia, República Checa, Canadá, Argentina, Kenia y Bulgaria fueron los países que dominó Puerto Rico en el Grand Prix pasado, siendo el último equipo el que dominó nuestra selección para obtener la histórica medalla de bronce.

En la medida en que apoyemos en nuestras canchas no existirá la excusa de la necesidad de economizar contratando talento externo cuando podemos continuar apoyando el desarrollo de nuestros nativos. Es por esta razón que invito a todo Puerto Rico a que participen de estos días del Grand Prix y demostremos que tal vez para muchos nuestro mercado es limitado, pero nuestro corazón y voluntad por luchar y entregar el alma no tiene límites. Nuestros jugadores nativos, hoy más que nunca, necesitan de nosotros y de nuestro apoyo. 

Tomemos el principio de este precursor de la educación física, William Morgan, exploremos un mundo de infinitas posibilidades y continuemos modificando hasta encontrar la altura de la malla idónea y el balón necesario para contribuir con una buena pegada a estos tiempos de grandes retos y todo un futuro por delante. Para nosotros en el Departamento de Recreación y Deportes es un privilegio y una bendición poder decir presente como principales auspiciadores de este proyecto de país que sin duda alguna marcará una página memorable en la historia del deporte puertorriqueño. 

Es la juventud, sin temor a la duda, el agente de cambio y los protagonistas de las contribuciones más importantes en el mundo y ahora no podemos ser la excepción. A nuestro equipo nacional, nuestros mejores deseos, que los caminos se continúen abriendo con fe y buena voluntad. No dudo de que este Grand Prix será el más concurrido en la historia. Será el escenario idóneo para que los padres y encargados lleven sus hijos y que esos niños comiencen a soñar en grande, cambiando su visión de mundo y viendo en el deporte una herramienta de transformación social.

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