Tere Nolla

Punto de vista

Por Tere Nolla
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Empresarios: arquitectos de nuestro futuro

Mientras los gobiernos del mundo toman medidas para estabilizar la crisis salubrista y económica provocada por el COVID-19, las empresas y sus trabajadores se están adaptando para satisfacer las necesidades de la ciudadanía. La capacidad de innovar de estas empresas es vital para asegurar que una vez sobrepasemos esta crisis, tengamos una base económica sólida que nos permita reconstruir ante una nueva realidad. En Puerto Rico, este reto se complica por la frágil condición económica que enfrentamos desde hace una década. En el Centro para Renovación Económica, Crecimiento y Excelencia (CRECE), buscamos propiciar un mercado libre para que estas empresas puedan prosperar para beneficio de todos.

Aun con el difícil panorama que afrontamos, contamos con un sector empresarial resiliente y valiente que está tomando las riendas para innovar y diseñar una nueva economía. En las pasadas semanas, hemos conocido sobre los esfuerzos que empresarios realizan para adaptarse. Recientemente aprendimos sobre los planes de expansión de la empresa local Dame Un Bite, quienes en medio de la crisis están extendiendo su servicio de entregas a domicilio a Ponce, Mayagüez y otros, y reclutando nuevos empleados para cumplir con su meta. 

En Camuy, la empresa de confección de uniformes militares Aurora Industries LLC vio una oportunidad para suplir mascarillas de tela que están en gran demanda. Su acertada decisión culminó en la otorgación de un contrato multimillonario con el Departamento de Defensa federal. Por otro lado, San Patricio Plaza y Gustazos unieron esfuerzos para canalizar la venta de productos y servicios de los comercios del centro comercial a través de un sistema de entrega al carro (“curbside pickup”).  Esta estrategia sirvió para atraer tráfico al centro comercial, visitas a la página de Gustazos y mantener ventas – aunque limitadas – a múltiples negocios. 

Mientras tanto, los dueños de la Panadería Apolo en San Juan optaron por ir a sus clientes en lugar de esperar sus órdenes por teléfono. A diario van a distintas comunidades y llevan sus productos para venderlos, capitalizando en la conveniencia que buscan los consumidores. 

Así como estos aquí mencionados, muchas empresas puertorriqueñas están reinventando sus operaciones para identificar las nuevas necesidades de los consumidores, ajustar sus planes y sobrevivir esta crisis.  Recordemos que detrás de cada uno de ellos, hay un sueño hecho realidad, familias que dependen de su triunfo y empleados que aportan a su éxito.

En Puerto Rico, contamos con más de 42,000 empresas que sostienen nuestra economía. De estos, los considerados como pequeños negocios generan el 40% de los empleos del sector privado. Su capacidad de innovar dependerá de los espacios que les permitamos para lograr hacer ajustes que den paso al éxito. El futuro de Puerto Rico depende de nuestros miles de empresarios, porque una vez salgamos de esta crisis (y la vamos a superar), necesitaremos de ellos para crear oportunidades de trabajo, darles vida y recursos a nuestras comunidades y suplirnos los productos y servicios que mejoran nuestra calidad de vida. Es imprescindible que se les dé el espacio que necesitan para que ellos prosperen, se libere el ambiente de negocios y se eliminen barreras que impiden su pleno desarrollo. Mientras que hoy los doctores, enfermeras, farmacéuticos y empleados de los supermercados son sin duda nuestros héroes durante esta pandemia, los empresarios serán los arquitectos de nuestro futuro. De su éxito depende el nuestro.

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