Lisandra Maldonado Rivera

Tribuna Invitada

Por Lisandra Maldonado Rivera
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Encadenados nuestros niños a las redes sociales

De acuerdo a varias fuentes, el materialismo se define como la actitud de las personas para concederle un valor excesivo en sus vidas a los bienes materiales, como las propiedades o el dinero. Este tipo de actitud siempre ha permeado en nuestra sociedad principalmente por el sistema capitalista que viven todas las democracias.

Nuestros niños siempre han sido los más susceptibles a ser enfocados en esta corriente. El bombardeo constante de anuncios en los medios de comunicación masiva tradicionales -televisión, radio y prensa escrita-, así como la proliferación de las redes sociales ha fomentado que el materialismo en la segunda década del siglo 21 cuente con una nueva definición.

Toda madre ha experimentado este nuevo reajuste de visiones en nuestros hijos. El advenimiento de las redes sociales, desde la creación del famoso "chat" de ICQ, allá para los finales de los años noventa, hasta el surgimiento de plataformas como MySpace, Facebook, Twitter, Instagram y ahora el novedoso Snapchat, ha encadenado a toda una generación al espacio cibernético.

Antes, nuestro mayor reto como padres era sacar al niño de la consola de videojuego. Ahora se nos triplica el problema. La adicción a las redes sociales, herramienta muy importante en el desarrollo de cualquier sociedad moderna, es uno de los mayores retos que enfrentamos en Puerto Rico. El tradicional balance de una vida en desarrollo está siendo alterado por esta nueva forma de materialismo.

No cabe la menor duda de que las redes son un instrumento necesario en el diario vivir, nos ayudan a estar cerca de las personas y fomentan una mayor conectividad en la sociedad. Sin embargo, no es menos cierto que las mismas pueden producir una cultura ambigua, con valores centrados en lo que algunos expertos conocen como el materialismo cibernético. Un novel concepto que establece que nuestro cerebro pasaría a convertirse en un ordenador de datos, una computadora más, alimentada por datos encontrados en las redes sociales y la Internet.

En nuestra Isla ya hace algún tiempo dejó de ser una curiosidad ver a nuestros niños inmersos en el celular o una tableta navegando por las redes. Ahora se ha convertido en una costumbre. Esta manera de materialismo tenemos que afrontarla y trabajarla como sociedad.

Recientemente en Puerto Rico hemos visto cómo situaciones en el mundo real se han trasladado, sin ninguna dificultad, a las redes. El bullying es uno de los más sonados ejemplos de esta transición. Existen decenas de casos registrados en los que nuestros niños han sufrido de esta cruel práctica a través de las redes.

Ante este escenario es imperativo que actuemos. Lo principal es educar a nuestra juventud a que, si bien es cierto que las redes son importantes, no lo son todo. Una vida balanceada requiere más que eso. Nosotros, como padres, tenemos que velar el tiempo que nuestros hijos pasan navegando por las redes. Igual que nuestros padres hicieron con nosotros cuando el materialismo de la época de los sesenta y setenta eran los televisores. Tenemos que involucrarnos si queremos detener esta nueva modalidad del materialismo,

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