Charlie Aguilar

Punto de Vista

Por Charlie Aguilar
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En extinción una tradición de febrero

Según los datos bíblicos de la Iglesia Católica, el 2 de febrero se celebran los 40 días después del parto de la virgen María, ocasión conocida como el Día Nuestra Señora de la Candelaria, cuando ella llevó a su hijo Jesús para presentarlo en el templo. 

En Puerto Rico, como tradición que llegó de Islas Canarias, la costumbre ha sido  encender una fogata en las últimas horas de la tarde y las primeras de la noche de esa fecha que indistintamente preparan con ramas secas de cualquier material vegetativo recogido en cada lugar donde resulte más abundante. Pajas de cañas, mayas secas, ramajes de palmas, leñas o cualquier otro material.

Toa Baja, Manatí, Mayagüez, Lajas y Coamo, le dedican sus fiestas patronales a la Señora de la Candelaria. Pero su celebración se ha recordado en toda la isla, de una manera u otra, como devoción en la religión católica. 

Sin embargo, la realidad es que el fervor y el entusiasmo de esta tradición hoy no es igual al pasado, cuando en casi todos los hogares la ocasión era una emotiva, fervorosa y sobre todo muy esperada. 

La experiencia que se ha palpado en las cercanías de los pueblos, Hatillo, Camuy y Quebradillas, y entendemos que en toda la isla, dista mucho del ansiado día esperado por mayores y niños durante los días 2 de febrero cuando se esmeraban en apilar los materiales secos mencionados, logrando un promontorio que en cierta manera algunos jóvenes los hacían en competencias para ver quien lograba la fogata más grande. 

Tradicionalmente la fecha coincidía con la zafra o corte de la caña de azúcar y abundaba la paja seca de este producto agrícola. Como era natural, los niños disfrutaban la experiencia con la quema de mayas secas provocando un estridente sonido en las fogatas durante tan importante celebración ya que para los adultos es un momento de fervor religioso. Sin embargo, existe una gran diferencia respecto al pasado y el presente, notándose la gran diferencia según la experiencia entre los adultos mayores.  

Mientras los fervorosos gritaban alegóricas coplas tales como, “Oh Virgen de la Candelaria tu que esta en alta cumbre, arrópanos con tu manto y alúmbranos con tu lumbre”. En el campo en las zonas altas en las últimas horas de la tarde se veían múltiples fogatas o candelarias y a su vez las peticiones o alabanzas en la conmemoración de una tradición de las más conocidas en todo el país.  

Como toda costumbre o tradición han existido cambios menores en pueblos y campos, pero nunca alterando el sentido religioso que esta legendaria celebración ha significado, lamentablemente el fervor o tradición han quedado muy rezagados en ese día antes esperado.    


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