Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Enfrentando la emergencia de suicidios

Para prevenir el suicidio, los profesionales de salud mental recomendamos observar señales de peligro y buscar con urgencia ayuda psicológica, psiquiátrica, social o espiritual, según el caso. El aumento de suicidios reitera la necesidad de mejorar la identificación de personas con ideación suicida y las estrategias de prevención. Actuemos con premura y firmeza. Nunca es tarde mientras haya vida; ningún esfuerzo preventivo es inútil. 

Las personas con ideas suicidas no son homogéneas. Sus historias de vida, personalidad, sus reacciones a estresores y circunstancias son diferentes. No siempre siguen fórmulas clínicas ni patrones sintomáticos. Un estudio de Harvard, “Suicide often not preceded by warnings”, confirma que no siempre avisan ni explican en cartas suicidas.

La literatura científica destaca un grupo de “síntomas típicos” o señales a observar: alteraciones del sueño, estados de ánimo, hábitos alimentarios, sexualidad o actividades preferidas, aislamiento social y retraimiento personal, pesimismo, desesperanza o derrotismo, desprendimiento de objetos de valor emocional, abandono de relaciones significativas, expresiones que “parecen” despedidas, de baja auto-estima o menosprecio por la vida propia y ajena. 

La ideación suicida toma diversas formas. Es fácil identificar los que comunican abiertamente sus deseos de morir. Es importante no tomar livianamente sus palabras. No podemos distinguir con precisión quiénes pueden cumplir sus amenazas o quiénes lo hacen para pedir ayuda buscando quien los detenga.

Otras personas no hablan de suicidio y parecen estar bien; sin embargo, cuando examinamos sus estilos de vida sobresale su preferencia por situaciones de riesgo descritas como excitantes. En extremos, pueden escoger una vida delictiva marcada por peligros constantes. No hablan de suicidarse pero su exposición al alcohol, drogas o armas aumenta la probabilidad de una muerte prematura. Dicen “saber” que van a morir jóvenes. Llevan un estilo de vida suicida.

Tenemos depresivos que no demuestran signos de tristeza sino lo contrario, de alegría exuberante, histriónica o escandalosa. Ocultan sus demonios disfrazándoles de alegría extrema y confunden porque siempre se ven contentos. Bipolares o no, experimentan una montaña rusa de extremos emocionales; al “bajar” de su “nota” eufórica inician una caída emocional en la que pueden considerar acciones drásticas como el suicidio, homicidio, vandalismo y otras transgresiones, si coincide con una situación estresora extraordinaria. 

Asimismo, hay personas que se proyectan deprimidas desde temprano en sus vidas. Amigos y familiares los describen como tímidos, vagos, lentos, “apagados” o tristones por naturaleza. No por ello quedan excluidos de la posibilidad de incurrir en un suicidio activo o intentos periódicos. Es un error asumir que la timidez o la anti-socialidad pueden bloquear o neutralizar la ideación suicida. 

La depresión mal atendida, o no atendida, no desaparece por sí sola y la persona con esta tendencia tiene que luchar contra ello por toda su vida, batalla similar a la del adicto rehabilitado. Notorios casos recientes de suicidio de personalidades públicas demuestran que tomaron la decisión tarde en sus existencias, habiendo arrastrado luchas depresivas toda su vida. El peligro siempre estuvo ahí. 

Desde la perspectiva cultural, no podemos dejar fuera la erotización de la muerte que algunos grupos desarrollan exaltando la necrofilia. Los cultos a la muerte no obligan al suicidio pero tampoco lo excluyen y tienen la facultad de desensibilizar al seguidor porque glorifican la muerte. En algunos cultos, la muerte se idealiza románticamente haciendo lucir la vida como algo de menor valor. A los adeptos a estos grupos debemos exhortarles a ponderar mejor vida y muerte y a los familiares a estar atentos.

Completamente distintos son los casos de personas que escogen la eutanasia para terminar el dolor o incapacidad de condiciones médicas terminales, irreversibles y traumáticas. El suicidio inducido, escogido y autorizado, sigue rigurosos protocolos y requisitos que incluyen, precisamente, la evaluación psiquiátrica que debe confirmar, precisamente lo contrario, que no existe trastorno depresivo mediando en la decisión del paciente. Estos casos presentan variables diferentes a los otros tipos de suicidios.

Y llegamos al suicidio asociado a desastres. Estudios comprueban que los factores estresantes de un desastre aumentan el riesgo y la incidencia de suicidios, sobre todo cuando la reconstrucción no parece viable. La respuesta a la gravedad de daños tiene que ser esperanzadora, rápida y visible. Las pérdidas materiales y humanas agravan los sentimientos de vulnerabilidad humana. La negligencia o incapacidad de ayuda debilitan las fuerzas de vida entre las víctimas. 

Necesitamos urgentemente un plan articulado gubernamental de atención a la emergencia de suicidios, comenzando con el reclutamiento de más personal preparado si queremos detener la ola de desesperanza. El suicidio es irreversible. La ideación suicida depresiva, sin embargo, es manejable y puede prevenir actos suicidas si proveemos ayuda y apoyo. Contacte a su profesional de ayuda, llame a la línea PAS de ASSMCA al 1-800-981-0023 o acceda un listado de Centros de Ayuda en https://convidauprrp.wordpress.com/centros-de-ayuda/

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