Noel Algarín Martínez
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En Grandes Ligas perder ya no es igual a fracasar

Tranquilos. Aunque el título invite a pensar que lo que sigue es una columna escrita por el autor de algún “best seller” de autoayuda, les aseguro que Paulo Cohelo no hackeó mi computadora. Robert Fisher no me ha sustituido. Spencer Johnson no se apoderó de mi cuerpo.

El título se refiere a la estrategia que han asumido cada vez más franquicias de Grandes Ligas —cuya campaña 2018 inicia este jueves— de tirar a pérdida varias temporadas como estrategia para conseguir un campeonato de la Serie Mundial. Aunque suene contradictorio, así lo evidencia lo ocurrido en los pasados tres años, en que equipos que acumularon temporadas perdedoras, terminaron ganando el título.

Por supuesto, no ocurrió por arte de magia, sino que es un modelo basado en un cambio gerencial y filosófico en las franquicias, un plan metódico sin esperar resultados inmediatos, el uso de las estadísticas aplicadas al béisbol, el desarrollo de talento interno en lugar de armar un equipo a golpe de talonario y, sobre todo, no temer a perder.

Así, por ejemplo, los Astros de Houston sumaron seis campañas de mediocridad y malos resultados entre 2009 y 2014 (en las que perdieron más de 100 juegos en tres ocasiones), pero comenzaron a recoger los frutos de su paciencia y nueva visión como organización a partir del 2015, cuando llegaron a los playoffs por primera vez en 10 años, donde cayeron ante los eventuales monarcas de las Mayores, Reales de Kansas City, en la Serie Divisional de la Liga Americana. Dos años después, Houston ganó el campeonato de la Serie Mundial liderados por jugadores elegidos en el draft como Carlos Correa, Alex Bregman y George Springer, o desarrollados en sus equipos finca como José Altuve.

Los Reales son otro ejemplo. Tras nueve campañas con porcentaje de victorias por debajo de .500, en 2013 dieron vuelta a su fortuna y ya en 2014 fueron a su primera Serie Mundial en 29 años (cayeron ante San Francisco). En 2015 regresaron a la final para vencer a los Mets de Nueva York. Su éxito fue una combinación de uso inteligente de sus recursos económicos y el desarrollo de jugadores de su sistema de liga menor.

El tercer equipo son los Cachorros de Chicago, quienes en 2012, la primera temporada de Theo Epstein en el puesto de presidente, perdieron la friolera de 101 partidos. Cuatro años después ganarían su primera corona en más de un siglo.

En el futuro se vislumbran más historias como las de los Astros, Reales y Cachorros. Equipos como los Medias Blancas de Chicago, Filis de Filadelfia y Bravos de Atlanta podrían experimentar una explosión de talento en cualquiera de las próximas tres campañas que les lleven a los playoffs e, incluso, a luchar por el campeonato. Solo resta ver si la fanaticada de esas novenas exhibe la misma paciencia y tolerancia a perder. Si son capaces de aguantar los años de hiel con tal de gozar los tiempos de miel...

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