Pedro Reina Pérez

Punto de vista

Por Pedro Reina Pérez
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En la crisis, la verdad nos hará libres

A la memoria de Eneid Routté Gómez

Si algo me produce este momento es la posibilidad de ver las cosas con mayor claridad. Los contrastes, en estos tiempos volátiles, hay que aprovecharlos para no confundir la impaciencia con la necedad. O las buenas intenciones con la ineptitud. De cualquier modo, atenerse a los hechos con la debida evidencia para trazar rumbos y descartar derrotas peligrosas es un imperativo al que no debemos renunciar. Nunca. Ni por un segundo.

Esta pandemia que nos somete al aislamiento social forzado llega después de semanas de observar a nuestros gobernantes improvisar sin límite ni dirección. Enfrentados con una montaña de evidencia respecto a la peligrosidad del coronavirus COVID-19, tanto la administración de Donald Trump como la de la gobernadora Wanda Vázquez prefirieron apostarle a ganar el bingo por azar que a razonar una respuesta profesional e informada para prevenir el contagio que ya, a todas luces por la negligencia, es mayor de lo que se esperaba. Turistas de crucero deambulando libremente por el Viejo San Juan, pese a tener altos perfiles de riesgo, es solo un ejemplo de cómo se perdió de vista lo peligroso de este virus, y lo poco que se hizo para contener el daño potencial. Para entenderlo, baste mirar Italia o España que hoy batallan con desafíos sanitarios francamente apabullantes por no comprender a tiempo el daño potencial que los acechaba. Pero no pretendo que mis palabras lluevan sobre mojado.

El mayor valor que tiene un gobernante en un contexto de crisis como este es la credibilidad, y esta se alimenta de franqueza, transparencia y coherencia. Lamentablemente, ni Donald Trump ni Wanda Vázquez han sido capaces de comunicar concretamente que sus palabras son creíbles. A cada paso, los hechos los contradijeron. Su desempeño elevó a rango de infamia cada acto fallido, tentativo e inconsistente. La fidelidad al partidismo por encima del bien común horadó sin remedio la confianza del público. Ahora, nos toca manejar los riesgos a futuro que muy posiblemente demanden más de lo que tengamos para salir adelante. 

Superar esta pandemia dependerá de la voluntad de cada uno de nosotros para identificar fuentes confiables e independientes de información que nos provean los datos correctos y las estrategias personales adecuadas. Volvernos conscientes de lo que somos capaces y ser solidarios con el resto de la comunidad será lo segundo. Ya lo vivimos con Irma y María, y con los sismos. El aislamiento social requiere mucho esfuerzo, pero es apenas una estrategia para minimizar las posibilidades de contagio. Observar el aislamiento es fundamental o lo contrario creará un caos en el sistema hospitalario. Pensemos en nuestros adultos mayores, que son los más vulnerables. El censo nos dice que 21% de la población de la isla es mayor de 65 años, una cifra superior que en Estados Unidos, que es de 16%. La pobreza es otro gran factor de riesgo. No dejemos que una actitud indolente le inflija un daño tan grande a los más vulnerables. Cuídese y cuide a sus vecinos. Saber que nos tenemos es una verdad enorme. Liberadora, además.

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