Celina Romany

Punto de vista

Por Celina Romany
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En la reconstrucción

Convocar el ave fénix en estos momentos me parece muy poco original y a la vez tan certero; persevera en mi psique esa imagen de reconstrucción desde la ceniza de la pos-guerra.

El momento exige que descendamos de las alturas teóricas que correctamente describen el déficit democrático que representa un poder colonial. Hoy opto por enfocar la desigualdad económica y social –muy “encubierta” en la Isla y que la actual crisis claramente destapa. La reconstrucción exige un compromiso con la erradicación de esas desigualdades. Requiere una agresiva fiscalización de una Junta compuesta por cobradores del fruto de sus delitos- dispensando la medicina amarga que, en sintonía con sus valores, afectará a la gran mayoría.

Han sido muchos los años de la discusión duérmete nene del status político mientras se abusa del status quo para generar y consolidar nuestra versión isleña del club de privilegiados- del 1% que controla la riqueza, así como de sus patéticos aspirantes. Para invisibilizar la alineación de intereses económicos entre el Norte y los de la isla.

Abusos de privilegio -desigualdades camuflageadas por el status político, por su abracadabra. Mientras éste se debate con muy poca sofisticación y estrategia (¿alguien ha visto un plan de acción que le convenza de cómo y cuándo USA nos “incorporará”, nos “liberará “ o nos concederá una autonomía moribunda existencialmente?), mientras los seguidores incondicionales rehúsan quebrar con un pasado de ciegas lealtades a los partidos tradicionales, el crecimiento y afinamiento de ese 1% de la población privilegiado pasa muy desapercibido.

Poco hemos logrado en el escenario de la descolonización, a pesar de la garra y valentía de unos honrosos compatriotas y gracias a una persecución del independentismo debidamente evidenciada.  Al momento, ¿cuál es el saldo? El guión de recordarle –nicely- a los cuatro gatos que allá nos escuchan a que extiendan más el brazo de las migajas, o reclamarles la incorporación a la nación que hace mucho decidió y que nunca decidirá incorporarnos o pedir la independencia desde una silla que se reactiva mayormente en tiempos electorales.

¿Y entonces? En dicho renglón no habrá mucho avance, dice mi bola de cristal. Antes vendrá la etapa de la reconstrucción. A muchos niveles… Así que, aunque me cueste tragarme mi impulso abstencionista, a votar se ha dicho. Eso sí, con los binoculares bien puestos.  

A estudiar con rigor y entusiasmo las candidaturas- tener claras sus competencias para combatir ese mundo de privilegio, para inspirar y convocar a oposiciones concertadas. El que me represente como interlocutor y/o denunciante-opositor de las medidas que tome la Junta de Control Fiscal y su corillo boricua (muchos intermediarios manejando un discurso profesional que legitima la demagogia de turno) deberá estar cualificadísimo para estar a la altura de las circunstancias. Aquí y en USA.

Encuentre esos candidatos y candidatas comprometidas con una agenda de justicia y equidad. La integridad, inteligencia, y valentía de nuestros gobernantes es imperativa en esta coyuntura histórica.

Comience a barrer las cenizas y vote diverso. Si le quedan encasillados en blanco, no se desanime. Celebre el triunfo de haberse tomado muy en serio su voto, a pesar de los tiempos revueltos. 

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