Aida Vergne

Tribuna Invitada

Por Aida Vergne
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EN LA VIÉSPERA DE LA HAPLOPOGÍA NADIVIDAD

Mire, no hay una sola palabra que no tenga tras de sí una historia que contar. Y la víspera, que es hoy, no se salva de su pasado, que estoy próxima a contarle. El caso de Nadividad, igualmente interesante, lo atendemos ya mismito… Bien. Víspera viene del antiguo español medieval viésperas y este del latín vespera. Viésperas, que perdió la /e/ en algún punto en su ruta al español, significaba “la tarde y el anochecer”, como en “Sábado a viésperas”, nos explica el gran Corominas. Nebrija, en su Tesoro de la lengua castellana o Española, la registra con b de bueno, “Bísperas. la puesta del sol, cuando se empieza a mostrar la estrella (...) la mesma hora del día que por otro nombre se conoce como crepusculum vespertinus”. ¿Y por qué con B? Ah, pues porque ese bi- significa dos, o literalmente “Partir las vísperas, cuando de la fiesta que precede se dicen los psalmos con sus antífonas (pasajes de las escrituras) y la que sigue entra desde la capítula”, lo que, en cristiano quiere decir rezado doble. Nada, que víspera, ya desde el Siglo de Oro, conserva solamente el sentido de día precedente. La de hoy también la conocemos como Nochebuena. ¿Y qué hay con Nadividad? Ah, pues Corominas sugiere que estamos ante una haplología (eliminación de una sílaba, en este caso –di–). Na-di-vidad y Nadvidad fueron descendientes semicultos de nativitas, natividad, nacimiento. Navidad es pariente cercana de muchos cultismos como nativo, natalidad, nato, natalicio, todas ellas con un origen común: el verbo nacer… lo que precisamente muchos conmemoran mañana. Paz, alegría... y bocadillos para todos.

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