Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
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En lo puro no hay futuro

El jazz representa la cara amable de un imperio que ha querido controlar el mundo mediante el empleo de la fuerza.

Este género musical comenzó a fraguarse a finales del siglo 19 y principios del 20. Surge del ancestral blues que entonaban los negros en Nueva Orleans, Luisiana, y que con  el tiempo se fue transformando en la multitud de caras que se ha adueñado del planeta.

El buen jazz es provocador y arriesgado. Es sinónimo de libertad. Explora mil y una maneras de desatar emociones genuinas y espontáneas mediante improvisaciones que no tienen fin.  Desdeña la llamada “comfort zone”, que no es otra cosa que lo seguro, lo fácil, lo trillado, para lanzarse al vacío sin la red protectora.

Lo que más admiro del jazz es su mestizaje. Su naturaleza inclusiva, su inclinación a acoger e incorporar ritmos extranjeros sin ningún reparo. En otras palabras, el jazz es capaz de fusionarse con cualquier tipo de música, venga de donde venga, sin perder la esencia que lo define. También admite infinidad de instrumentos para su ejecución: saxofón, trompeta, trombón, piano, contrabajo, conga, timbal, cuatro, guitarra, arpa, banjo, cello, violín, tuba, flauta, clarinete, bandoneón…

Cuesta creer que una expresión musical tan generosa y hospitalaria provenga de una nación desgarrada por el prejuicio y la exclusión.

No hace mucho, una marcha de  supremacistas  blancos desató la tensión en  la ciudad sureña de Charlottesville (45,000 habitantes en el estado de Virginia), provocando enfrentamientos con contra-manifestantes que dejaron el saldo de una persona muerta, varios heridos y un alto número de arrestados. Durante los disturbios, testigos presenciales vieron cómo un vehículo se lanzó contra un grupo de personas.

Figuras políticas identificadas tanto con el Partido Republicano como con el Demócrata, criticaron duramente al presidente Donald Trump por afirmar que las dos partes involucradas en este encontronazo, eran culpables por igual. Luego el mandatario se vio obligado a rectificar, y condenó, con las muelas de atrás, cualquier acción motivada por el racismo y el odio.

Gangs of New York (2002) es una película dirigida por Martin Scorsese inspirada en hechos reales. La historia se sitúa en 1846 en los “Five Points”  del bajo Manhattan, durante el segundo año de la Guerra Civil. Dos grupos étnicos se disputan el poder de este sector: Los “Natives”, protestantes descendientes de ingleses nacidos en Estados Unidos, y los “Dead Rabbits”, inmigrantes irlandeses católicos recién llegados al suelo americano. En un enfrentamiento salvaje, la pandilla de los “Natives”, liderada por William “Bill the Butcher” Cutting (Daniel Day Lewis) derrota a los pandilleros irlandeses dirigidos por el padre Vallon (Liam Neeson). Esta victoria, sin embargo, no asegurará el predominio de los “Natives” ni detendrá la avalancha de “intrusos” (irlandeses, alemanes, franceses, negros, hispanos, chinos) que inundará “Five Points” y al resto de lanación. Hoy en día, muchos estadounidenses ignorantes y violentos todavía se empeñan en alardear de su “pureza nacional”, en un  país habitado por inmigrantes provenientes de todos los rincones del mundo.

  Los supremacistas  blancos, los neo nazis, el  infame Ku Klux  Klan, y otras agrupaciones racistas norteamericanas nos recuerdan a personajes siniestros como “Bill the Butcher”. También nos recuerdan que los prejuicios y actitudes que estos tipejos representan, están vivitos y coleando en la mente y en los corazones de montones de estadounidenses. “Make America great again” es la consigna populista de Donald Trump y sus seguidores, que son los “Natives”, los americanos “puros”. Debemos sentir lástima por ellos. Los pobres están aterrados porque muy pronto serán minoría. Saben que dentro de algunos años caerán en las ruedas de abajo.

Un estudio realizado en el 2015 por la oficina del Censo estadounidense, ha revelado que los niños blancos serán minoría en Estados Unidos en el año 2020. Este es el resultado de la disminución de la natalidad entre los estadounidenses blancos, y un “baby boom” entre los grupos raciales afroamericanos, y el aumento de la inmigración. Para el año 2020 se espera que el 50.2% de todos los niños nacidos en Estados Unidos serán de padres de un color distinto al blanco. Para 2044 se espera que el número de personas de un color distinto al blanco supere a los estadounidenses blancos. El estudio publicado predice que para el año 2060, casi el 20% de la población estadounidense será extranjera, ya que más de 64 millones de personas serán inmigrantes.

Dije arriba que el mayor valor del jazz es su mestizaje. Asimismo pienso que la fortaleza mayor de los Estados Unidos es su mezcla de razas y culturas. Ese debe ser su sello distintivo como nación. Y el ejemplo a seguir por el resto de las naciones de la Tierra. Quien vaya en contra de esta tendencia integradora quedará, más que rezagado, enterrado. No hay marcha atrás. No hay muros ni leyes migratorias que valgan. “En lo puro no hay futuro”, como dice la canción de Pau  Dones  (“Jarabe  de Palo”).

        “En lo puro no hay futuro

        la pureza está en la mezcla

        en la mezcla de lo puro

        que antes que puro fue mezcla”.

Creo que el mundo entero debería ser un descomunal “melting pot”. Una mogolla gigantesca de razas y culturas que aporten y a la vez conserven lo mejor de sí mismas. Pienso que todos los credos del planeta debieran convertirse en un solo espíritu de hermandad. Me gustaría que el odio, el fanatismo y la intolerancia desaparecieran para siempre. Y que la música fuese el enlace principal entre los seres humanos, el lenguaje universal que nos unifique.

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