Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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En manos de Taylor Swain

Pocos parecen ver que, más allá de las rencillas de la Junta de Control Fiscal con el gobernador, y del gobernador con la Junta, hay unos acreedores que esperan con el cuchillo en la boca, y una jueza que hace rato exigió a ambas partes que le llevasen acuerdos y propuestas.

El enfrentamiento que hemos visto este fin de semana, no es un enfrentamiento de dos, de la Junta con La Fortaleza, no se puede reducir a eso. Lo que está en juego en este peligroso choque es demasiado, y mientras más se tranque el diálogo, peor para el país y más conveniente para los llamados “buitres”. Algo sacarán de este impasse.

Por eso resulta incomprensible que los funcionarios más destacados, hayan estado ausentes de las audiencias celebradas el jueves y viernes pasados. ¿Cómo se explica que Ricardo Rosselló no se haya presentado allí, sentado en el público, impuesto su presencia? Era una cuestión moral.

Sé que tiene un representante en la Junta, pero en un momento como ése, en que se decidían tantos asuntos de vida o muerte para el pueblo, tenía que dar la cara frente a todos. Decir tal vez lo mismo que dijo luego, pero antes, mirando a la cara a las personas que iban a certificar el Plan Fiscal.

En ese salón del Centro de Convenciones debieron estar también presentes, junto al gobernador, los presidentes de ambas cámaras legislativas. Y los alcaldes, todos los que pudieran. No había sitio más importante en el que estar ese día.

Sin embargo, ¿qué ocurrió? El presidente del Senado andaba por Washington, inaugurando una inútil oficina que presuntamente va a impulsar la estadidad; una oficina que ya está consumiendo una gran suma de dinero, procedente naturalmente de los fondos públicos. ¿Qué se cree, que de eso no se entera la jueza Taylor Swain? ¿Que no hay contradicción alguna en solicitar la protección de la corte, porque no se pueden pagar las deudas, pero en cambio se derrocha el dinero en inventos como el de Washington?

Jugar con fuego es malo en toda circunstancia. Pero cuando se está ante un tribunal de quiebras, y se gasta una millonada en abogados, para tratar de demostrar que el país es insolvente, más que malo, es provocador.

Uno puede comprender que el gobernador haga todo lo que esté a su alcance para evitar la reducción de las pensiones de los retirados del gobierno. Mas, por otro lado, tendría que ceder eliminando el bono de Navidad. Si estamos en un hoyo, hay que ahorrar y suprimir todo gasto no imprescindible. El bono de Navidad no es imprescindible. No es un servicio esencial. Podría haber sido un gesto: eliminamos el bono, pero no nos tocan las pensiones. Una de cal y otra de arena.

Esa es la negociación. Lo que no es negociación es la reiteración mecánica del NO, y resistirse a ver la realidad: una realidad que el gobierno no quiere tocar, o le da miedo tocar, de ahí que reduzcan la crisis a una garata de cafetín, entre un bando de siete (los miembros de la Junta), y un bando de unos cuantos más (el gobierno central y la Legislatura).

Craso error. La Junta no es un concepto aislado. Es la cabeza visible de un universo al que van conectados muchos extremos diferentes: los fondos para la recuperación, las gestiones para transformar la relación política, los compromisos que se contraigan o no en el Congreso de cara al status definitivo. Existe la tendencia, entre la clase política local, a dividir “el conjunto” en pequeños segmentos diferentes. Y a creerse por encima de los vínculos. De hecho, inconcebiblemente, alguien llegó a afirmar que la soberanía se podía exigir, negociando con los Estados Unidos la concesión de las mismas subvenciones -exactamente iguales- durante un período de diez años. ¿Pero, y por qué les interesaría a los Estados Unidos negociar eso? La independencia o la soberanía se exigen asumiendo todo lo que viene en el paquete. Esa es la historia de la humanidad y de los procesos de emancipación: hay que prepararse para la peor de las variantes, para la más realista, no para la que nos conviene.

El caso es que la manera en que el gobernador está afrontando la situación, aislando los elementos que la determinan, es cuando menos fantasiosa. Les dice a los miembros de la Junta que reflexionen cuando pongan la cabeza en la almohada. Y los de la Junta le dicen a él que debe recapacitar. Los presidentes de ambas cámaras, a los que les hubiera correspondido buscar un turno de réplica -es lo menos, caramba-, un turno de negociación en esas audiencias del ente federal, han dicho que ellos “no trabajan para la Junta” y que “van a resistir”. ¿Resistir el qué? ¿Cómo pueden ser tan frívolos usando la palabra resistir? No saben ellos lo que es realmente resistencia.

A menudo pienso que toda esta situación a lo mejor les conviene a unas personas, y a otros por encima de ellas, y a otras que están todavía más alto. No sé. Es muy difícil de creer que alguien no haya previsto la confrontación que se cuajaba, sus tiempos, repercusiones y posibles desenlaces. Todo eso debe estar contemplado en algún cuarto oscuro.

Sentémonos a ver.

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