Héctor Luis Acevedo

Punto de Vista

Por Héctor Luis Acevedo
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En materia electoral, los detalles mandan

Puerto Rico necesita fortalecer sus instituciones, no debilitarlas. Necesita limitar sus diferencias, no profundizarlas. Los rumbos del país necesitan hoy más que nunca inspirar confianza en la ciudadanía, buscar consensos especialmente en los asuntos procesales que nos permitan dirimir nuestras diferencias de manera democrática y que se acepten sus resultados con respeto. El concepto de “mayorías temporeras” debe guiar nuestro entendimiento y nuestro quehacer.

El proyecto de reforma electoral en actual discusión se distancia del esfuerzo patriótico de muchas décadas de buscar consenso en los procesos electorales y dejar las controversias para el campo normal de la política.

Tuve el honor de participar de varios esfuerzos en esa dirección, incluyendo la redacción por consenso del proyecto de Ley de 1983 que gobernó por siete elecciones sin impugnaciones y con amplio apoyo a su credibilidad. Diferentes gobernadores de distintos partidos respetaron su contenido. Igual participé de los consensos de dos Juntas de Redistribución de Escaños Legislativos y la reforma del sistema de financiamiento de las elecciones. En todos esos esquemas, partidos y candidatos diferentes ganaron y perdieron elecciones, incluyendo el que escribe.

Ese es un haber de Puerto Rico que debe atesorarse, pues representa un esfuerzo de superación de la condición humana y el apetito electoral. Así crece Puerto Rico. Tiempos de Paz Electoral. Antes de emprender esa ruta de confrontación y destructiva de consensos, invito respetuosamente a pensar antes de proceder. Aquí no hay ninguna circunstancia que fuerce esta acción unilateral.

Hace menos de cinco años los comisionados de los tres partidos políticos inscritos lograron el consenso para implantar y adjudicar las máquinas de votación que acaban de usarse en las elecciones pasadas. Esa determinación tomada por unanimidad se hizo declinando otros sistemas de menos certeza y confiablidad. Esa inversión de más de $30 millones necesita protegerse con el debido mantenimiento y la estabilidad que merece un cambio de esta naturaleza. El presente gobierno fue electo con ese sistema.

Resulta para mi asombroso que a poco tiempo de este éxito institucional se pretenda descartar progresivamente esa significativa inversión quedando nula en poco tiempo y enterrando el consenso logrado. Qué ha provocado este cambio de política pública contemplado en este proyecto es algo que escapa mi entendimiento.

Luego de la interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos la corriente prevaleciente es a fortalecer la seguridad de los sistemas electorales contra intervenciones de personas o gobiernos que ganen acceso a los sistemas computarizados.

Un solo ejemplo, tan reciente el 15 de mayo pasado, doce senadores incluyendo cinco candidatos a presidente, (Sanders, Warren, Booker, Gillibrand y Harris presentaron el Protecting American Votes and Elections Act of 2019 S. 1472 que requiere papeletas de papel para evitar fraudes electrónicos. O sea, mientras Estados Unidos se aleja de sistemas electrónicos de votación a nosotros nos invitan a meternos en un problema que no tenemos.

Hay asuntos que pueden y deben mejorarse, pero por consenso duran más y se evitan malas interpretaciones. La rueda da vuelta y se debe ser sumamente cuidadoso cuando se trastocan las reglas electorales, especialmente comenzado ya el ciclo electoral.

El voto ausente y adelantado es una modalidad de excepción que ha traído el problema de integridad. Hoy el Congreso tiene un escaño vacante por fraude en el voto ausente en Carolina del Norte. Es importante entender que cuando alguien vota de manera ilegal le disminuye el voto a los que tienen derecho.

La CEE puede ampliar con garantías las clasificaciones, velando por un balance sin poner en peligro la integridad del sistema.

El Tribunal Supremo no debe nombrar al presidente de la Comisión Electoral. Un cuerpo judicial revisa las determinaciones del cuerpo electoral y de su presidente. No debe ser juez y parte. Desafía el elemento esencial de participación y de confianza del nominado.

Sugiero un diálogo con otros partidos y superar la tentación de la acción unilateral. En este campo los detalles mandan.

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