Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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En Puerto Rico, esto no ha terminado

¿Por qué la protesta se ha desplazado de #RickyRenuncia a #WandaRenuncia? ¿Por qué continúa; qué va a pasar?

Estas son preguntas que se repiten en entrevistas de periodistas y conversaciones de la calle. Reina un clima de celebración por la gran victoria del pueblo que defenestró al gobernador, e incertidumbre con el futuro del país. La razón de la incertidumbre es que el país está en ruinas y al garete. La contracción económica continúa sin expectativa de cambio, mientras que la institucionalidad jurídico-política colapsa. 

El orden constitucional es claro, si el gobernador renuncia, lo sustituye el secretario de Estado y, de este estar imposibilitado o vacante el puesto, la secretaria de Justicia. ¿Por qué, entonces, no podemos cumplir el mandato constitucional? Porque lo que implicó la insurrección pacífica de julio de 2019 fue el cuestionamiento y colapso de la institucionalidad política. La clase política puertorriqueña ha perdido su legitimidad. Los “gobernados” le han retirado su confianza y consentimiento. Ni el PNP ni el PPD son alternativas para restaurar el orden. 

Y el comportamiento del liderato del partido de gobierno, PNP, así lo ratifica. En vez de pensar en tomar las riendas del país y restaurar alguna semblanza de orden, se enfrascan en una “pelea chiquita” por lo que queda del poder. Facciones incapaces de entender la gravedad del momento, se empecinan en continuar en una lucha a muerte que solo puede tener como desenlace la profundización de la crisis política. 

Lo que pasó en los “15 días que tumbaron a Rosselló”, no se limita a “tumbar” al gobernador. La ola de protestas populares ininterrumpidas tumbó a toda la clase política y tambalea seriamente a la partidocracia. La clase política fue descubierta por lo que en realidad siempre fue: una claque rentista que utiliza el dinero del erario para el lucro personal. Pero, además, se descubrió como una élite arribista, que menosprecia a “los más vulnerables” que tanto dicen representar. El velo se desgarró y se expusieron, no solo las faltas del gobernador y su camarilla, sino la de toda la clase política y la plutocracia que hace negocios con ella. 

La “ira popular” se ha desatado y se lanzaron a protestar en las calles grupos de la sociedad civil que no estaban politizados: el “Rey Charlie” y los motoristas, los “kayakeros” y aficionados a deportes acuáticos, los caballistas, clubes de autos y otros grupos de la sociedad civil, como el movimiento LGBTT, grupos feministas, ambientalistas, comunitarios y religiosos no fundamentalistas. 

A estos “nuevos actores políticos” se unieron “los de siempre”, como dijeron los personeros del gobierno inicialmente, sindicatos, partidos de oposición, movimientos políticos emergentes y organizaciones formales de la sociedad civil como el Colegio de Abogados y Abogadas.

La crisis es profunda, la insurrección apenas comienza. Estamos a las puertas de una nueva era. La kikistocracia destapó la olla del hervidero social que ellos crearon. Ahora, ni saben ni pueden cómo taparla.


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