Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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En Puerto Rico se ha dado un golpe de estado

Cuando detenemos el carro en la luz roja o no fumamos en lugares cerrados, lo hacemos por dos razones. Primero, porque son buenas ideas. Segundo, porque hay alguna ley que lo requiere. A su vez, obedecemos las leyes porque queremos evitar las consecuencias de violarlas, como la imposición de una multa o cárcel.

Pero también obedecemos las leyes porque reconocemos que fueron adoptadas democráticamente: cada cierto tiempo elegimos un grupo de representantes que, a nombre del pueblo, adoptan normas de convivencia social. Para controlar las acciones de esos representantes, adoptamos una Constitución que establece los derechos mínimos de la ciudadanía y requiere que periódicamente votemos por mantener o cambiar esos representantes. De esa forma, la democracia sirve para dar legitimidad a un sistema que, a su vez, requiere nuestra obediencia.

En Puerto Rico la democracia siempre ha sido limitada. Primero, porque el colonialismo es, por definición, la negación de la democracia. Por ejemplo, bajo España gozábamos de muy pocos derechos. Pero, poco a poco, el Pueblo de Puerto Rico fue conquistando derechos democráticos, aún dentro del sistema colonial. Elegimos al gobernador, los alcaldes y legisladores. Tenemos una Constitución que limita los poderes del gobierno y nos garantiza una serie de derechos.

Pero esa democracia limitada está colapsando. Primero, porque quien gobierna ahora el día a día de nuestro país no es el grupo de personas que elegimos. Ahora quien manda es una Junta que nadie en Puerto Rico escogió. Sencillamente se trata de una dictadura; dictadura que hoy quiere desangrar el país. Segundo, porque esa Junta dictatorial y el “gobierno” de turno han decidido hacer pedazos nuestros derechos constitucionales.

De un plumazo se ha limitado la libertad de expresión, se eliminaron los derechos laborales establecidos en las Secciones 16 y 17 de la Carta de Derechos, y se pretende destruir la Universidad de Puerto Rico.

En Puerto Rico se ha dado un golpe de Estado. Ya no manda el Pueblo; ya no opera la Constitución. Se ha quebrantado el contrato social. La democracia es el gobierno por el consentimiento de los gobernados. ¿Hemos consentido a que nos gobierne una Junta no-electa? ¿Hemos consentido a que se eliminen derechos de la Constitución? Entonces nos preguntamos, ¿con qué autoridad el “Gobierno” o la Junta exigen obediencia del Pueblo? Sin democracia no hay legitimidad, y sin legitimidad no se puede pedir obediencia.

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