Rafael Cortés Dapena

Tribuna Invitada

Por Rafael Cortés Dapena
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Entes claves de la recuperación

El pasado 20 de septiembre nuestro país cambió radicalmente. Es otro el paisaje, es otra nuestra realidad, son más agudas las múltiples crisis que ya enfrentábamos como sociedad. De una situación compleja, hemos pasado a un estado de emergencia y fragilidad sin precedentes en nuestra historia reciente.

Cientos de miles de puertorriqueños se encuentran en una situación verdaderamente vulnerable, muchos -al momento un 60% aproximadamente- sin acceso a necesidades básicas como agua potable, otros sin un techo seguro, alimentos y servicios médicos. La mayor parte del país -más del 80%- no cuenta con el servicio eléctrico, muchas de nuestras carreteras y puentes han sufrido serios daños y la ruta hacia la recuperación luce empinada.

A esto, debemos sumar el contexto en que ocurre esta devastación, en medio de la crisis económica y la millonaria deuda pública que durante los pasados años ha obligado al país a repensarse de cara al futuro.

Diariamente, puertorriqueños de todas las edades abandonan la isla temporera o permanentemente, en respuesta a esta situación. El paso del huracán María por Puerto Rico, sin lugar a dudas, está transformando nuestro país desde su entraña y es importante reflexionar en torno a cómo también nos estamos transformando cada uno de nosotros. Los gestos de los ciudadanos son un excelente punto de partida para ello. El primer ejercicio de recuperación comenzó con acciones espontáneas. Grupos de vecinos poco a poco comenzaron a cortar árboles caídos para abrir caminos en sus comunidades, quien tuviese una estufa de gas comenzó a cocinar para todo aquel que tuviera hambre, se compartió la comida, la gasolina, el agua. Nuestra gente se activó incluso antes de que comenzara a llegar la ayuda provista por las distintas instituciones del gobierno puertorriqueño y estadounidense. Reconocemos el compromiso de estas instituciones públicas, pero también es importante destacar la labor de la ciudadanía durante los momentos más difíciles luego del desastre, esos primeros días de la emergencia que para muchos puertorriqueños se extienden hasta hoy.

Esto ocurre porque en nuestro país existe una voluntad inquebrantable y un deseo genuino de ver a nuestro Puerto Rico en la ruta hacia la reconstrucción. Desde la Fundación Ángel Ramos, podemos dar fe de ello. A diario observamos y trabajamos con organizaciones sin fines de lucro que maximizan cada uno de sus escasos recursos para ofrecer servicios indispensables para el bienestar de las comunidades que impactan. Durante décadas el Tercer Sector ha fungido como el gran "safety net" de nuestra isla y hoy más que nunca necesita fortalecerse.

Muchos puertorriqueños desean aportar sus talentos y ayudar a sus comunidades en medio de la emergencia, pero en ocasiones no encuentran cómo hacerlo de manera efectiva. Paralelamente, el Tercer Sector necesita de esas manos solidarias y comprometidas con Puerto Rico. Es por esta razón que hacemos un llamado al fortalecimiento de una ciudadanía activa. Son necesarias brigadas de limpieza, canalización de ayudas y las manos e ingenio de profesionales y trabajadores de todo perfil en nuestras comunidades. Las organizaciones sin fines de lucro son esa plataforma desde la cual es posible aportar, procurando el mayor impacto posible en la comunidad. Donando nuestro tiempo, nuestras manos y talentos continuaremos convirtiéndonos en una ciudadanía activa, la base más fundamental de un país en ruta a su recuperación.

El autor es Presidente de la Fundación Ángel Ramos.

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