Julio Fontanet

Punto de vista

Por Julio Fontanet
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Entre artistas o políticos

Como en esos sueños en que somos protagonistas y, al mismo tiempo, de un modo casi mágico, misterioso, somos también espectadores que observamos nuestros propios actos, Puerto Rico ha sido protagonista y testigo, al mismo tiempo, de un evento sin precedentes en nuestra historia y que ha llamado la atención en todo el orbe: la remoción pacifica de una persona del cargo de gobernador; y ello mediante la articulación de razones de peso extraordinario, el establecimiento y difusión de una opinión pública sólidamente fundamentada y, en consecuencia, manifestaciones masivas que han superado por mucho las expectativas en términos de cantidad y calidad.

Esa reacción orgánica se nutrió de la gesta, principal y urgente, de algunos artistas, particularmente de música popular.

Algunas pocas personas, descontentas con el resultado, han planteado —no sin cierto dejo de desprecio— que los nuevos líderes políticos del país son René Perez, Ricky Martin y Bad Bunny. Advierten, también con desdén, que esto no puede ser y, al así hacerlo, demuestran que no entienden la importancia histórica del arte y los artistas en los grandes cambios en el mundo. La participación de los artistas fue determinante en 1968 en París, en la primavera árabe de 2010, en la caída del muro de Berlín en 1989 y en el No a Pinochet en 1988.

El problema de estas personas es que ven el arte como un mero pasatiempo y a los artistas como “entertainers”; no los ven ni imaginan capaces de dirigir movimientos sociales o políticos cuando ellos y su producción musical constituyen, en sí mismos, movimientos sociales y políticos. No toman en consideración la importancia del arte en la vida y formación integral del ser humano, algo que, no por casualidad, nuestro Departamento de Educación olvidó hace tiempo.

Han sido muchas y diversas las actividades artísticas que han servido de embocadura y sostén de las manifestaciones que, de paso, no cesan. En el caso del Viejo San Juan, que es una obra de arte en sí, se ha convertido en escenario —tanto en sus plazas como en sus calles, balcones y azoteas— para lecturas de poesía, bailes coreografiados o improvisados, performances, pancartas que dan cuenta de la extraordinaria imaginación literaria y plástica de nuestra gente, actividades circenses para los pequeñines, rogativas y, sobre todo, para el uso del cuerpo humano como instrumento de manifestación artística y como lienzo para la expresión plástica.

Los tres artistas que convocaron inicialmente interrumpieron giras o regresaron a Puerto Rico porque había una emergencia, contrario al gobernador, que pospuso su regreso hasta el último momento. Respondieron al llamado que la situación les hacía y el público los recibió con esperanza y alegría contagiosa. No albergo duda de que el componente artístico fue decisivo en la naturaleza pacífica —y festiva— del reclamo y su final feliz; fue ejemplarizante por parte de nuestro pueblo y para el resto del planeta, donde ahora se habla del “estilo Puerto Rico” para resolver o adelantar luchas sociales.

La pregunta que corresponde es ¿ahora qué? Independientemente del impasse constitucional vigente, cómo debemos ser rigurosos al escoger nuestros líderes y cómo tenemos derecho a un gobierno justo, equitativo y honesto, debemos volver a pensar en nuestros valores espirituales, en nuestra histórica fortaleza cultural, en cómo somos un pueblo valiente y solidario, y por qué todo lo convertimos en fiesta. En un país en que un padre, músico de primera fila, lleno de dolor —Andy Montañez— despide a su primogénito con salsa, confirmamos que estamos hechos de otra madera y que podemos ser ejemplares.

En el proceso de cambiar al país no estamos solos: los artistas de todas las disciplinas —esos que nunca se fueron, los que son famosos, los “desconocidos”— estarán con nosotros. Si les fallamos, se encargaran de recordárnoslo y, como vimos, contundente y elocuentemente.

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