Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Entre la inacción y las excusas

Puerto Rico intenta hoy levantarse de una nueva trastada de la naturaleza. Apenas 27 meses después del azote inmisericorde del huracán María, una ristra de temblores destructivos puso fin abrupto a la temporada navideña.

En aquella ocasión, y aunque lo supimos mucho después, se perdieron varios miles de vidas humanas. Ahora, sabemos de al menos una muerte a consecuencia del sismo de 6.4 en la escala de Richter que despertó al país en la madrugada del 7 de enero.

Ambas tragedias naturales tienen mucho en común, a pesar de sus diferencias.

María probó que nuestra infraestructura, sobre todo la eléctrica, no servía. Los temblores de estos días, principalmente el de este martes, lo comprobaron y, además, confirmaron que no se ha reparado nada.

Entre la inacción y las excusas, el gobierno —léase funcionarios, contratistas, parientes y dolientes— ha malgastado millones y millones de dólares y no ha avanzado un ápice en reparar una infraestructura en ruinas que atenta contra la seguridad y la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Somos un país caracterizado por la fragilidad. No la de nuestro espíritu, que es fuerte y combativo como lo demostró el histórico verano de 2019, sino la de nuestras instituciones, acostumbradas a la inacción.

Es inaceptable que la gobernadora Wanda Vázquez se escude en la excusa de que estamos ante un evento que no ocurría desde hace 102 años, en alusión al terremoto de 1918, para justificar la incompetencia de los dos años y pico transcurridos desde el huracán y la inacción generalizada de décadas.

Es necesario consignar que el dinero federal asignado para atender la crisis creada por María ha llegado a cuentagotas. Pero no se puede decir que no han llovido millones de aquí y de allá.

Lo que pasa es que el dinero —poco o mucho— se usa mal. Se malgasta repartiendo contratos a tutiplén, muchos con propósitos partidistas, o se diluye en obligaciones que no tendrían que ser prioritarias.

La quiebra del fisco puertorriqueño, provocada por décadas de excesos y malas decisiones, se complicó con el huracán de septiembre de 2017. Pero justo antes había aterrizado la Junta de Supervisión Fiscal, creada por la ley federal Promesa, que venía con la encomienda de rescatarnos del abismo y tampoco lo ha hecho a pesar de los millones de dólares que ha administrado.

Después del castigo más reciente de la naturaleza, toca reflexionar y cambiar el rumbo.

Es el momento perfecto. Estamos en plena campaña para las primarias de junio, de las que saldrán muchos de los candidatos que aparecerán en las papeletas de los comicios de noviembre, entre ellos dos de los aspirantes a la gobernación.

Toca a esos candidatos comprometerse con enderezar el rumbo. Pero nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, obligarlos.

Sabemos cómo. En el verano pasado, las protestas ciudadanas forzaron la renuncia de Ricardo Rosselló Nevares. Y este año, con nuestros votos, tenemos la oportunidad dorada de terminar lo que con tanto éxito empezamos.


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