Melissa Marzán Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Melissa Marzán Rodríguez
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Epidemia de desinformación

Los gobiernos suelen caracterizarse por su falta de competencia para visibilizar los problemas o por su ímpetu en evidenciar otros. Cada uno determina sus prioridades según lo que haya prometido. La manera “objetiva” de crear u obviar los problemas es a través de los datos “confiables” que el Estado pueda generar. En medio de una crisis económica como la que enfrentamos hace poco más de una década, generar datos de primera calidad no ha sido prioridad.  Hoy nos enfrentamos a una cruda era de invisibilidad que puede dañar irreparablemente la salud pública del país.  

Lo que no se publica no existe. Un gobierno que no genera datos confiables, ni los publica con claridad y continuidad, no se puede reconocer como un facilitador para el bien común. Poco a poco el Estado ha normalizado el vivir de medias verdades. Cuando no hay datos primarios, las decisiones son el resultado de procesos subjetivos a la orden y merced de la opinión de unos cuantos. Por dar algunos ejemplos recientes, específicamente en el área de la salud pública, el mal manejo de las muertes relacionadas al huracán María, el aumento de casos de influenza para esta temporada o silenciar el asunto del zika en Puerto Rico se han convertido en medias verdades.

Cuando como ciudadanos no exigimos estadísticas confiables, quedamos a la merced de la administración de turno. La pregunta clave es: ¿Por qué las administraciones se hacen dueñas de lo que callan y nosotros lo permitimos? Todos merecemos que el Estado nos brinde información confiable y clara para poder tomar decisiones responsables. Hay que plantearse la necesidad de exigir información para planificarnos, tanto a nivel de la comunidad o a nivel individual. Comparto algunos posibles escenarios que pueden impactar la vida cotidiana.

El primero, una mujer en edad reproductiva que decide planificar un embarazo bajo la premisa de que el zika no circula en la isla y pensando que no es una amenaza a su proceso de gestación (cuando la realidad lo puede ser). Exponerla a ese potencial riesgo es una irresponsabilidad del Estado que puede concluir en un daño irreparable. No hablar del problema no lo elimina, aunque esta parece ser la estrategia por excelencia para que los problemas pasen desapercibidos y no tengan mayor impacto en la imagen de la isla (entiéndase en el caso de zika, su impacto en el turismo).

Otro ejemplo pudiera ser: el manejo de los casos de influenza en esta temporada. Hay un hecho: los datos apuntan a que la región de salud de Ponce es la que tiene la tasa de incidencia más alta de influenza en esta temporada. Ahora bien, si los municipios que comprenden esa región aún no tienen sus servicios básicos desde el huracán María, ello implica un asunto estructural que debe ser atendido por las autoridades con prontitud. Bajo este contexto, no decretar una epidemia puede evaluarse como una manera de alejarse de la responsabilidad que le corresponde al Estado. Según los datos de Sistema de Vigilancia para Influenza del Departamento de Salud para la temporada 2017-18, ya en la semana epidemiológica número 48 los casos habían sobrepasado el umbral de alerta. Aunque subsiguientemente se mantuvo por debajo de ese umbral, el aumento en casos se ha elevado consistentemente sobre el promedio histórico. Hablar de que no se ha sobrepasado el número esperado de casos para reconocer que es un problema de salud pública, es un asunto meramente académico (y debatible). Justo cuando después del huracán María, los sistemas de vigilancia epidemiológica aún pudieran estar en un estado subóptimo.

Mirar la epidemia desde una perspectiva exclusivamente numérica puede ser un grave error, principalmente cuando pareciera que –nuevamente- proteger a la población no queda en primera posición.  No se le puede tener tanto temor a utilizar la palabra epidemia.

Estos son solo algunos ejemplos que deben hacernos reflexionar sobre la importancia de la toma de decisiones basada en evidencia y no con datos parcialmente interpretados. Hay muchas epidemias que enfrentamos día a día como país. La ignorancia, desinformación, irresponsabilidad e incompetencia en muchas ocasiones causan más problemas que soluciones. Nos toca a todos unirnos al reclamo de exigirle al Estado datos evaluados de manera independiente, confiable y de fácil acceso que nos ayuden a garantizar una mejor toma de decisiones a todos los niveles.    

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