Ruth Merino

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Por Ruth Merino
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Equilibrio y solidaridad en la pandemia

¿Cómo lograr el equilibrio entre mantener el optimismo y la urgencia de enfrentar la realidad? Un dilema, sin duda.

El desafío que enfrentamos es extraordinario. Imposible escaparnos de las noticias alarmantes: los contagios, las muertes, la carencia de equipos médicos y los despreciables intentos de lucrarse del dolor y del susto. Y la lista no acaba. . .

Sentir temor, en estas circunstancias, es la reacción lógica y humana. Todos somos vulnerables. Y así surge la ansiedad por nuestro propio bienestar y el de nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, la comunidad entera.

Son momentos que jamás habíamos imaginado: la vida normal paralizada, puesta entre paréntesis, pero exigiendo lo mejor que podemos ofrecer de nosotros mismos.

Pequeños y grandes gestos de solidaridad alumbran el camino. Vecinos que ofrecen desinteresadamente un consejo o comparten una información valiosa. Personas que en lugares públicos usan su mascarilla, comprada o fabricada en casa.

Nuevas prácticas sociales de cuidado mutuo. Camino hacia el supermercado en un día en que no puedo usar mi carro y encuentro a otras personas en la avenida. Al vernos, instantáneamente nos acomodamos la mascarilla y nos apartamos para establecer los seis pies de distancia requeridos. No nos cruzamos saludos, pero nos hemos enviado un mensaje. Pequeñas victorias importantes.

La preocupación por el bienestar ajeno se advierte también en las llamadas telefónicas y en los mensajes por internet. La tecnología nos ayuda a ahuyentar la soledad de la cuarentena y se convierte en cómplice de nuestra especie gregaria, que echa tanto de menos la oportunidad de contar y escuchar anécdotas, así como también de aliviar tensiones compartiendo lo bueno, lo malo y lo gracioso.

Cultivar el buen humor es una bendición. Los memes que circulan en las redes sociales exhiben un extraordinario sentido del humor, a veces atrevido, pero siempre bienvenido.

La pandemia pasará, pero no serán olvidadas las lecciones aprendidas durante estos días en que la solidaridad ha surgido como un bien social indispensable.



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