José Nicolás Medina  Fuentes

Tribuna invitada

Por José Nicolás Medina Fuentes
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Erigir un estado nacional democrático

Dice Rafael Hernández Colón en su reciente mensaje: “Es absurdo, falso y demagógico pretender que la estadidad, la independencia, la libre asociación o cualquier cambio de estatus es la solución a la crisis. Estamos y vamos a estar bajo el Estado Libre Asociado (ELA) y bajo la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) hasta que se produzcan cuatro presupuestos balanceados que paguen nuestra deuda restructurada y que recuperemos el crédito en los mercados financieros” (El Nuevo Día, edición del 22 de julio 2018).

Lo primero es cierto, los estatus son simples medios. Ni el ELA, la Libre Asociación,  la independencia o la estadidad son panaceas o fines  en sí mismos. Reconoce Hernández Colón que la ley Promesa, con su Junta de Control, constituye una enmienda provisional a la ley federal 600 para intentar mantener al ELA el día que se logren cuatro presupuestos balanceados, se pague la deuda “reestructurada” a los acreedores y se acceda de nuevo a los mercados de préstamos.

Pero le faltó decir lo que nunca ha reconocido: que nunca existió un pacto en 1952, que el ELA es y siempre ha sido una colonia clásica, que las colonias existen para ser explotadas por la metrópolis, que ya terminó la Guerra Fría y no existen las mismas condiciones que al momento de gestarse el ELA colonial. Que mientras más ha incrementado el deterioro de  Estados Unidos con su sistema neoliberal y el racismo, ha  aumentado la dinámica de su capital para eliminar derechos adquiridos mediante el desmantelamiento del estado benefactor, y así extraer mayores ganancias de  los trabajadores de su propio país y exponencialmente a los trabajadores y población colonial en general. 

Y  dentro de ese sistema egoísta y colonial, el mecanismo principal que les queda a los boricuas es el exilio hacia el territorio continental. Y allí se demuestra que la estadidad, una quimera que depende de la exclusiva voluntad de la metrópolis controlada por el supremacismo blanco, no ha sido solución para los 5.5 millones de boricuas que allí residen, como prueba que tampoco ha sido solución  para los indígenas, negros, hispanos y minorías. Basta acudir a los guetos de centenares de ciudades, New Orleans, Nueva York, California, Mississippi, y en muchos otros estados. 

Las litigaciones bajo Promesa en curso ilustran que los grandes acreedores y fondos buitres desean mayor velocidad en el pago de la deuda y, por tanto, quisieran revocar el proceso de restructuración del Título III para levantar la paralización automática y ejecutar y quedarse con  playas, puertos, edificios, hospitales, centros educativos, tierras, carreteras y cuánto bien público exista y que la población siga pagando el balance del principal e intereses que quede por los siglos de los siglos. Al gran capital no le gusta la reglamentación estatal.

En ese sentido, Promesa constituye un mecanismo estatal colonial muy incompleto. Es la misma medicina anterior con suero lento de brea. Por eso he sugerido como táctica una litigación que cuestione la inmunidad retroactiva inconstitucional que confiere la ley Promesa al gobierno federal en su Sección 210 por infracción de derechos fundamentales que cobijan a los ciudadanos domiciliados en el territorio colonial, para que comparezca a responder como deudor principal a los acreedores.  Ello no impide que continúen los procesos de quiebra territorial. Mientras tanto, es una ruta que sienta las bases de unidad de amplios sectores ideológicos y hasta de acreedores. Ningún bloque ideológico podrá gobernar en Puerto Rico con una deuda impagable 

El país se sigue vaciando. Se pretende al fin del proceso que sea la población la que pague la deuda, con Junta o sin Junta. Pero  Hernandez Colón se niega a reconocer a estas alturas que el sistema del ELA configura una relación de colonia clásica. Y en el estado de derecho y el plano de la moral corresponde a la potencia colonial ser la responsable de pagar la deuda pública odiosa colonial a los acreedores. Si no se reconoce que la nación puertorriqueña está sujeta a una aberrante e ilegal dominación colonial, no caben argumentos ni la protección de doctrinas sobre la deuda odiosa. 

Tienen que acabarse las posturas serviles y reformistas sobre la deuda pública odiosa. Para eso tendrá  que organizarse la resistencia del pueblo, en un frente de salvación nacional combativo y contestatario para convocar un Congreso para la descolonización y la cancelación de la deuda odiosa, que convoque la asamblea nacional de delegados de isleños y diaspóricos, permanente, inclusiva de las fórmulas no territoriales, por etapas, solvente. Descolonización y cancelación de la deuda odiosa tienen que estar unidas como el oxígeno y el hidrógeno para formar el agua descolonizadora. 

Y con estas expresiones del líder del inmovilismo colonial, y la ineptitud e inacción del PNP, ya no se puede esperar que los líderes obsoletos del bipartidismo servil convoquen esa asamblea de delegados del pueblo. Otro liderato surgido de una tercera fuerza, tiene que tomar el timón nacional,  que convoque   a un amplio pueblo oprimido compuesto por variados grupos y clases sociales a  la celebración de esos dos importantes eventos. Tercera  fuerza  que derrote en todos los planos, en la numerosidad y organización, en el plano de una nueva cultura, en el plano de la participación electoral o en la huelga electoral , en todos los frentes, al bipartidismo servil, al coloniaje, al gran capital foráneo y al imperialismo que lo protege. 

Si bien es cierto que la independencia nacional no es talismán que con su mera invocación o conquista resolverá nuestros problemas, sienta las bases para un proceso que pueda enfrentarlos y resolverlos. Constituye  el único estatus o medio  descolonizador viable para que las fuerzas productivas nacionales del capital criollo, el trabajo, las tecnologías y la organización de la producción puedan florecer en un sistema económico pos neoliberal mixto, compasivo y solidario. 

En el ELA colonial, en el protectorado de la libre asociación o en la quimera inalcanzable de la estadidad, el capital foráneo, como gran caníbal, devorará  nuestras fuerzas productivas. Tenemos que conquistar todos los poderes soberanos que garantizan la plena independencia. 

Entonces erigiremos un estado nacional plenamente democrático que instaure mecanismos adecuados para la protección y el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales y desarrollo económico sostenible, captación de tributos justos, transparentes para garantizar salarios y pensiones dignas, pago adecuado a todo trabajo, ya sea doméstico o en el mercado y servicios universales de salud, educación, vivienda, alimentación, protección a la maternidad, cuido a la niñez, reglamentación y medicación de las drogas adictivas   y seguridad a nuestros paisanos.

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