Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Esa antigua miseria

L a colonia está pasando por su transfiguración bochornosa. Tanto que ya los amos benévolos se muestran interesados en dejar de serlo. A la vez se aprestan a realizar el sueño abortado del Víctor Clark, del Martin Brumbaugh, del Samuel Lindsay, colonizadores que soñaron con rehacer a los puertorriqueños a su imagen y semejanza y en los límites de su propio idioma.

Jamás olvido las veces que juré, mano en alto, I pledge allegiance to the flag of the United States and to the nation for which it stands. Jamás olvido el lugar donde lo repetí: el patio de la escuela pública Antonia Sáez, situada en Humacao, mi ciudad natal. Jamás olvido que repetía el juramento como papagayo, si bien permanece en la memoria hasta el sol de hoy.

¿Sería ése el propósito verdadero del juramento? ¿Trascendía aquella ceremonia la proclama de una nueva lealtad patriótica y aspiraba a la sugestión? La sicología define la sugestión de manera fascinante. Proceso a través del cual se llega a influir en el pensamiento, los sentimientos, la voluntad o los actos de otra persona sin pasar por la esfera racional de ésta. Hallo la definición en el muy útil Diccionario de Psicología de Josep Farré Martí y María Gracia Lasheras Pérez.

La colonia está pasando por el grado cero de la respetabilidad. Ahora los nombres de los amos nuevos se nos vuelven familiares. El Orrin Hatch. El Sean Duffy. El Paul Ryan. Igualmente se nos empieza a hacer familiar su plan de crear una junta de control fiscal. Igualmente empieza a llamarnos la atención el desparpajo con que ahora manejan las palabras colonia, coloniaje, posesión.

Lo que tampoco debe asombrar. The last colony, como la etiquetó uno de sus regidores conspicuos, gasta dinero a manos desbordadas. La colonia alegre y confiada entrega su anémico poder decisorio a cambio de fondos provenientes de Washington. Naturalmente, Washington reciproca la entrega con el diseño de una maqueta pormenorizada de nuestro destino.

La colonia está pasando por el agrietamiento trágico de su maquillaje preferido: la observancia de cortesía diplomática entre la oficialidad colonial y la oficialidad imperial. Por cierto, dicha observancia la narra, con admirable puntillosidad histórica y escritura suscitadora de deleite, el libro de Luis Rafael Rivera titulado Cecil Snyder:entre Muñoz y Albizu.

Ya no se estila aquella cortesía diplomática. A la menor oportunidad la jefa de la fiscalía federal en Puerto Rico, la licenciada Rosa Emilia Rodríguez, repite el mantra desdeñoso: “Qué harían si no nos tuvieran, Qué harían si no nos tuvieran, Qué harían si no nos tuvieran”. El mantra parece una variante de la sugestión empeñada en docilitarme cuando estudiaba los grados primarios.

Tolerado sea el mantra si obliga a la radicación de cargos contra los enriquecidos por el pilloducto, el cártel del petróleo, los bonos de improductividad y el saqueo a las arcas gubernamentales ocurrido entre los años dos mil ocho y dos mil doce.

La colonia anda pidiendo a gritos el escudriñamiento. ¿No que tres ramas se encargaban del poder, según el dictamen de la Constitución? La rama ejecutiva. La rama legislativa. La rama judicial. Entonces, ¿quién autorizó crear una cuarta rama? Porque rama gubernamental ha venido a ser la rama contratista. Una rama de recurrente comportamiento indecoroso. Una de las ramitas de la rama cobraba trece mil dólares mensuales por proveerle a la casa de las leyes un cuadro telefónico que no telefoneaba. Bro, that is cool.

Sí, esa antigua miseria que se nombra la colonia está pasando por su transfiguración bochornosa. Pero, aunque quebrada, a la colonia le sobra clientela. Se ha ganado una devoción supersticiosa porque garantiza la tenencia de la ciudadanía norteamericana, hecho que un número abrumador de puertorriqueños considera favor especial de la Virgen María.

No, el fin de esa antigua miseria que se nombra la colonia no está a la vuelta de la esquina. Tampoco lo están la independencia, la estadidad, ni el Estado Libre Asociado a hermosearse con los postizos moños soberanos que Washington decida autorizarle.

En cambio, sí están a la vuelta de la esquina las elecciones generales. Y con ellas el estreno de novedosas delincuencias y la reactivación de viejas corrupciones. ¿O no es la colonia un negociazo que beneficia, equitativamente, a un grupo selecto de puertorriqueños y un grupo selecto de norteamericanos?

Posdata: discrepo del poeta egregio cuando escribe “Piedad Señor para mi pobre pueblo, donde mi pobre gente se morirá de nada”. En el albor del siglo veintiuno a la pobre gente del pobre pueblo la matará un empacho de asco.

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