Juan Lara

Tribuna Invitada

Por Juan Lara
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Escenarios ante la crisis de gobernanza

La tormenta política desatada por el chat del gobernador y sus allegados plantea muchas interrogantes sobre el futuro inmediato, entre ellas la de quién tendrá en sus manos las riendas de la política económica en el año y medio que resta del cuatrienio actual. Es tentador apresurarse a concluir que esta coyuntura le abre la puerta a la Junta de Supervisión Fiscal para imponer su autoridad, pero los escenarios posibles no son así de simples.

De lo que no hay duda es que el “Telegramgate”, como ya le llaman algunos, complica más aún el panorama de la política económica y la incertidumbre sobre todo lo relacionado con la ley Promesa.  La renuncia de Christian Sobrino, quien había acumulado casi tres años de experiencia en las operaciones de la Junta, deja al gobierno en una posición debilitada frente al organismo federal.  Habrá que nombrar a alguien que le sustituya con bastante rapidez, y ese alguien iniciará funciones en una posición de desventaja y sin mucho tiempo para educarse en el puesto.

La Junta misma no está en una posición muy firme, ya que los nombramientos de sus miembros actuales, no solo están pendientes de una decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos, sino que además se supone que expiren dentro de unas semanas. 

Mientras, la capacidad de la Junta para tomar las riendas de la crisis económica no es algo que pueda darse por sentado, aún si se despejaran todas las dudas jurídicas sobre el tema.

Los economistas acostumbramos trabajar con escenarios posibles cuando hacemos proyecciones sobre la economía de un país.  Normalmente, hablamos de un escenario “base”, un escenario “optimista” y escenario “pesimista”.  Para el próximo año y medio, ¿cuáles serían los escenarios probables, y cuál sería el mejor, o menos malo?

Una posibilidad sería que la junta, que ya está enfrentada al gobernador en los tribunales, le pida a la jueza Laura Taylor Swain que nombre a una especie de administrador para hacerse cargo de las funciones del Departamento de Hacienda y la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP).  Esto sería como sustituir a Sobrino con un oficial financiero principal (chief financial officer) que le responda directamente a la Junta y no al gobernador.  De este modo, la junta tomaría el control directo de la ejecución, no solamente el diseño, del plan fiscal y el presupuesto gubernamental.

Habría que preguntarles a los especialistas en los aspectos jurídicos de la ley Promesa si este curso de acción es legalmente viable, pero, aun suponiendo que lo sea, este escenario probablemente no daría buenos resultados por, al menos, dos razones.  La primera es que la Junta no goza de la credibilidad que tiene que tener entre la ciudadanía para poder asumir el mando de esta manera.  La segunda es que complicaría las quejas sobre la legitimidad política de la Junta,ya que podría verse como aprovechar el vacío de gobernanza para dar una especie de golpe de estado judicial.

Otra posibilidad sería lo que en la jerga profesional llamamos el escenario “fuera de control”.  Este es un escenario genérico cuyos detalles varían de país a país y de momento a momento, dependiendo de las circunstancias específicas de cada caso, pero que en general consiste de un entorno en el que las autoridades pierden el control de los instrumentos de la política económica (monetarios, fiscales, financieros, etc.)  En nuestra coyuntura, y en este momento, este escenario sería el caso de que ni el gobierno ni la Junta puedan ejecutar el presupuesto y el plan fiscal hasta pasadas las elecciones de 2020.  Desde el punto de vista de manejo de la crisis, sería prácticamente perder el cuatrienio.

Siempre hay un escenario optimista.  Lo mejor que podría pasar es que se declare una especie de tregua entre el gobierno y la Junta, que ambas partes cedan algo de sus posiciones actuales, y se defina un marco viable para un presupuesto de máxima transparencia que permita continuar el rumbo hacia una situación fiscal saludable y sostenible.  Esto nos permitiría llegar a las elecciones sin más sobresaltos, por lo menos en este aspecto de la crisis.  Más allá, hay que pensar en un diálogo con la Casa Blanca y el Congreso sobre el proyecto de Promesa, ya que lo más probable es que tanto el PPD como el PNP incorporen el rechazo a la Junta en su plataforma electoral.

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