Chu García

Tribuna Invitada

Por Chu García
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Escobar: pilar de la escuela boxística boricua

El hecho simple de haber sido el primer campeón mundial puertorriqueño en cualquier deporte le pone el sello de inmortal, pero Sixto Escobar fue todavía más lejos al demostrar su valentía como boxeador que le ganó el mote de “El Gallito de Barceloneta”, donde nació el 23 de marzo de 1913, año en que imperaba en el país el régimen estadounidense de tutoría colonial.

Físicamente, Sixto, que medía 5-4, llamaba la atención por sus rasgos asiáticos, con apariencia japonesa, aunque fue un exboxeador filipino, Lope Tenorio, que fuera monarca mundial welter de gran destreza, el que le transmitiera sus conocimientos cuando se había mudado a la barriada Trastalleres.

Se cuenta, sin corroborar oficialmente, que la izquierda de Sixto fue prodigiosa, en jab y gancho, porque Tenorio le obligaba a amarrarse la derecha en la cintura y hacer acopio de la llamada mano prohibida.

Sin embargo, el peso gallo se encontró con la prohibición del pugilismo profesional hasta que el gobernador Horace Mann Towner lo legalizó en 1927, y debutó en el mítico Victory Garden, en Miramar, en 1930, venciendo al dominicano Luis Pérez, pero ante la escasez de carteleras se refugió en Venezuela, realizando 15 pleitos.

Considerando que ya estaba listo para conquistar lauros internacionales, se marchó a Nueva York, y con la ayuda del promotor Lou Brix y el entrenador Whiyney Bimstein, empezó a encumbrarse, obteniendo primeramente una faja universal en Montreal contra el mexicano Baby Casanova, y posteriormente la de la NBA frente a Lou Salica en su segundo choque.

Sixto, que no tuvo un récord explendoroso, 39-23-4, tuvo su némesis en Harry Jeffra, que le ganó cuatro veces, pero en 1938 le derrotó en el Parque Escambrón, que sería bautizado con su nombre y que muestra en su frente una estatua suya en su pose natural.

A pesar de la diferencia de edad, compartí mucho con él, y siempre recuerdo su frase lapidaria: “La vida es así”, en respuesta a la críticas crueles por su apego al alcohol, que unido a la diabetes le causaron la muerte el 27 de noviembre de 1979, pero contento por haber dejado el alma en los rines a favor de su patria.

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