Emilio Nieves Torres

Tribuna invitada

Por Emilio Nieves Torres
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Escuelas charter o escuelas de la comunidad

El anuncio del Gobernador abriendo la puerta a la privatización de escuelas públicas, nos inserta a todos en la decisión suprema de defender la escuela de la comunidad ante el acecho de la escuela charter. Nadie debería poner en duda que una escuela es mejor en manos de la comunidad, que en manos de un privatizador.

Obviamente el Gobernador de Puerto Rico promueve su visión privatizadora porque, según sus palabras, el sistema educativo “no sirve”. Una expresión que generaliza e insulta a todos los que laboran en el Departamento de Educación, incluso a la Secretaria de Educación. Lo que no sirve se bota, se destruye o se regala. Un gobernador que desprestigia de esa manera a la educación pública está descalificado para gobernar. Sin embargo, ya sometió a la Legislatura el proyecto que evidencia su prejuicio y desprecio a la escuela pública, contrario a lo que la administración de su padre impulsó con la Ley 149 de 1999.

El proyecto del senado 825, que somete el Gobernador, indica que las Escuelas Alianza pueden fortalecer el currículo y la enseñanza y que las comunidades van a tener un rol más activo en la educación. Son palabras huecas y engañosas muy similares a las del senador Eduardo Bhatia en el pasado cuatrienio. Para ambos, alianza significa cerrar, destruir, regalar y privatizar las escuelas públicas

Una verdadera alianza consiste en dos o más partes autónomas con un objetivo y acuerdo común.  Quienes desconocen la escuela pública creen que no existen las alianzas con las mismas. Nuestras escuelas tienen excelentes alianzas con organizaciones comunitarias, empresas, cooperativas, universidades, municipios, entre otros sectores de la sociedad. Todas estas alianzas apoyan a la escuela pública sin necesidad de administrarla. Son efectivas bajo el modelo público, atendiendo las necesidades de infraestructura, materiales, equipo, entre otras, que presentan las comunidades escolares a través de maestros, estudiantes, directores, padres y consejos escolares. Por lo tanto, la escuela chárter es innecesaria.

Afirma el gobierno de Puerto Rico, vinculando la “reforma” a su visión ideológica, que hay escuelas charter en 44 estados. Lo que no dicen es que, a pesar de que por más de 25 años se ha estado discutiendo el concepto en los Estados Unidos, solo un 6% de las escuelas en esa nación han adoptado dicho modelo. Es decir, el 94% de las escuelas públicas en los Estados Unidos no son escuelas charter.

Tampoco reconocen que en los Estados Unidos las escuelas charter han sido señaladas por discriminar en el proceso de selección de estudiantes, exigir aportación económica a los padres, corrupción en el manejo de fondos públicos, cierre de escuelas en comunidades pobres, eliminación de derechos de los trabajadores de la educación, entre otros. ¿Por qué insistir en Puerto Rico con un modelo fracasado?

La Ley 149 de 1999 concibe a “la escuela de la comunidad como un ente dinámico, con capacidad para acoplar sus ofrecimientos a las necesidades de sus alumnos y con agilidad para adaptarse a cambios que genere el desarrollo del conocimiento y la tecnología pedagógica.”. Establece que “la autonomía es principio esencial a esa escuela” para utilizar los recursos que se le asignen a base de las prioridades que ellas mismas establezcan, revisar los cursos en el currículo escolar y ajustar los mismos a las experiencias y necesidades de los estudiantes, ensayar maneras de mejorar sus ofrecimientos y un cuerpo que permita la participación de la comunidad en el gobierno de la escuela. Todo esto y más lo quiere derogar el Gobernador para dar paso a los que buscan hacer negocio con la educación.

A pesar de las limitaciones que impone la politización, la incompetencia y la burocracia, debemos tener la certeza de que la escuela de la comunidad, por mucho, es superior a cualquier modalidad de escuela charter.

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