Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Ese error no lo comete cualquiera

Como dice el jíbaro: quedé sorprendida y con vergüenza ajena ante la reproducción “en vivo” en el discurso de Melania Trump de porciones del discurso de la Primera Dama norteamericana, Michelle Obama. 

La magistral comparativa visual que hiciera CNN de ambos discursos no dejó lugar a dudas.  Tardíamente, una extraña explicación, no una disculpa, fue publicada por la gente de Trump. Circunscribía la intención del aspirante presidencial a disculpar el error de la ¿redactora” del discurso justificando el “accidente” con aparente excelsa bondad y magnanimidad de jefe diciéndole al mundo: “Un error lo comete cualquiera”.

Como profesora universitaria me preocupa sobre manera el mensaje implícito de tal justificación.  Muchos docentes universitarios llevamos décadas de lucha acérrima contra el plagio. Ahora, este candidato presidencial sugiere que no es grave ni tiene consecuencias. La ficción es su estilo favorito.

Hay diferencias en consecuencias entre el error involuntario, el de incompetencia y el error con intenciones.  Los errores involuntarios no siempre son insignificantes; algunos han significado muerte y fatalidad. No son menos serios pero se consideran menos graves en cuanto a intencionalidad. Sin embargo, la incompetencia y la intención tácita de plagio tienen graves consecuencias legales y éticas. En muchos países, Estados Unidos incluido, se establecen claras prohibiciones, protocolos y sanciones contra el plagio.

El plagio se toma como un acto de deshonestidad intelectual al robar ideas ajenas para comunicarlas como propias sin que se reconozca la autoría del escritor original. Las estadísticas muestran la gravedad del problema: en 2009, Ethics & Behavior (Vol. 19, No. 1) reportó que 82% de una muestra colegial norteamericana había hecho algún tipo de trampa en sus trabajos. El Centro Internacional de la Universidad de Clemson para la Integridad Académica reportó un 68%. Digital Media Rights Team (2013) encontró 128 millones de fragmentos universitarios de texto copiados para un 14-20% de plagio.

Las personas que cometen plagio de jóvenes tienen hasta 3 veces más de probabilidad de continuar mintiendo a través de sus vidas (Josephson Institute of Ethics, 2009). Otro proveedor de datos estadísticos sobre el plagio (Plag.es) revela un porcentaje de 15.4% de plagio en Europa, bajo comparativamente pero en aumento progresivo.

Una especialista en comunicaciones o relaciones públicas conoce de reglamentos y leyes. De no ser así, es un sello de goma. En Estados Unidos, la jurisprudencia dictamina que el desconocimiento de una ley no exime a nadie de su aplicación. De cualquier forma, la incompetencia y el error  “inadvertido” de Meredith McIver no es excusa, pero es que Trump pertenece a ese pequeño círculo de personas afluentes que piensa que las leyes son para otros pero no para sí ni los suyos. La moral no le hace dinero y poco le importa. Ese modelo disfuncional de favoritismo y excepcionalidad de padrinazgo antagoniza con toda esperanza de vida justa y democrática. Se monta sobre una supremacía falsa y, en su caso, vana, disparatada y peligrosa.

¿Cómo podemos exigir a los estudiantes que no cometan plagio cuando el triste y casi asegurado ganador de la presidencia de Estados Unidos lo toma como un juego sin trascendencia? No podemos validar ni promover la doble moral, la deshonestidad ni la mentira como la conducta excusable de ahora en adelante siguiendo tan disparatado modelo. Un error se enmienda corrigiendo el daño y evitando que se repita, no se subestima ni se lleva al chiste.

Trump dice que su éxito se basa en aprovecharse de las fantasías de la gente. De nosotros está recordarle a ese engreído inmoral que la vida solo es sueño y fantasía hasta que despiertas a la realidad y tienes que enfrentar las consecuencias ante tus otros. Pareciera que hasta eso puede ser abandonado por Trump a quien solo le importa la conquista, no lo que obtiene ni cómo lo obtiene. No me sorprendería que ganada la presidencia termine renunciando con aburrimiento hacia una nueva conquista dejando su manada de seguidores como zombies en “The Walking Dead”.   

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