Karla Peña

Punto de vista

Por Karla Peña
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Es hora de prepararse para un huracán durante una pandemia

A menos de dos semanas para el comienzo de la próxima temporada de huracanes es inevitable preguntarnos, ¿estamos listos para sobrellevar las consecuencias que aún cargamos del huracán María, los retos de los recientes terremotos en el sur, una pandemia y el posible impacto de un huracán en los próximos meses? Emociones pueden aflorar al reflexionar sobre nuestra realidad frente a la nueva temporada de huracanes. Sin embargo, debemos llamar al sosiego y a estar preparados. 

Para esta época del año diversas entidades en Puerto Rico participarían de ejercicios de simulacros y capacitaciones para apoyar los preparativos de comunidades frente a la temporada. En el escenario de COVID-19, con el distanciamiento físico y los esfuerzos de cuarentena, el gobierno, el sector no gubernamental, el sector privado y las organizaciones de base comunitaria debemos todos repensar estos preparativos y la respuesta a una posible emergencia. Muchas de las estrategias que practicamos en el pasado no podrían realizarse en el contexto actual, pues podrían contrarrestar esfuerzos de contener el coronavirus. 

Por ejemplo, los centros comunitarios y escuelas que normalmente albergan a afectados durante emergencias podrían ser una alternativa menos viable frente al riesgo del virus. Mientras que las distribuciones de alimentos y agua potable podrían ser aún más complejas, y el acceso a recursos vitales aún más lento. Reconozcamos también el impacto negativo de la pandemia en nuestras micro y pequeñas empresas. Los preparativos a escala familiar podrían ser aún más difíciles si las empresas comunitarias no tienen posibilidad de reponerse a corto plazo. Si llega un huracán fuerte y el virus aún no ha sido descifrado, los resultados en el Caribe y en Puerto Rico podrían ser catastróficos, nuevamente. 

La buena noticia es que todavía hay una corta ventana para prepararse y trabajar en vías de preparativos y una coordinación efectiva. Al tiempo que respondemos al COVID-19, se deben tomar medidas críticas de planificación. El gobierno debe educar simultáneamente sobre los efectos del coronavirus y la importancia de los preparativos para huracanes. También continuar el trabajo entre el gobierno y organizaciones comunitarias para desarrollar planes de acción y escenarios de respuesta a emergencias, especialmente para las comunidades más vulnerables y remotas, que tienen acceso limitado a los servicios y que a menudo son los últimos alcanzados con ayuda después de un desastre. Hemos recalcado repetidamente la importancia de atender a las familias más desventajadas en una emergencia para que las comunidades puedan recuperarse más rápido, y no será distinto en el actual escenario.

Mientras navegamos esta nueva realidad pandémica, de actividad sísmica y de ciclones impredecibles, debemos examinar nuestro rol en la resiliencia colectiva. Hoy, más que nunca, esmomento de practicar la resiliencia con la acción. De hacer del cambio nuestro aliado, pero sobre todo de multiplicar y triplicar los esfuerzos de preparación y planificación para futuras emergencias a nivel individual, comunitario y sistemático. Continuar desarrollando nuestras capacidades de adaptación nos hará el mejor ejemplo de resiliencia, y más importante aún, nos dará la inigualable coyuntura de superar una próxima crisis.

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