Julio Fontanet

Punto de vista

Por Julio Fontanet
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Es hora de reformar nuestra democracia

En la pasada década, se plantearon varias opciones y modelos para incentivar la participación ciudadana en los procesos electorales y, así, contar con una democracia más directa. Hubo movimientos para impulsar un sistema legislativo unicameral (que, por cierto, muy acomodaticiamente apoyan algunos candidatos previo elecciones, pero después de celebradas las votaciones les da amnesia), para incorporar el voto revocatorio (que permitiría, mediante votación especial, revocar el mandato de un gobernador que exhiba incompetencia manifiesta) y para promover la representación proporcional en la asamblea legislativa. Con ésta última posibilidad habría correspondencia entre el número de legisladores y el porcentaje de votos obtenido por determinado partido o movimiento, lo que eliminaría la desproporción existente a favor del partido que resulta victorioso.

El debate sobre reformas en los procesos democráticos que requieren enmiendas a la Constitución se ha activado con el último libro de Aníbal Acevedo Vilá, “La separación de poderes: Teoría y práctica”, en el que el autor expone propuestas que deben provocar una amplia discusión.

En el proceso de evaluar esas propuestas, debemos estar receptivos y entender que nuestra estructura democrática, plasmada en la Constitución, está basada en la visión de Luis Muñoz Marín y del partido principal de entonces, cuando se le reconocían amplios poderes a la figura del gobernador y a los partidos políticos, particularmente al partido que resultara vencedor. Nuestra actualidad electoral es muy distinta, sobre todo desde las elecciones de 2016, en las que el gobernador electo no llegó a obtener el 42% del voto e, inclusive, obtuvo menos votos que el candidato a comisionado residente que llegó en segundo lugar (y de otro partido). Cabe destacar también que el legislador que más votos obtuvo fue un candidato independiente y que dos candidatos independientes a gobernador obtuvieron el 17% de los votos. Es incuestionable que la estructura gubernamental actual no refleja ese resultado. La pregunta obligada es si debería. Es decir: si ese 17% —alrededor de 270,000 personas— debería tener algún tipo de representación en el gobierno.

Al tratar de contestar la interrogante anterior y discutir algunas de las propuestas de Acevedo Vilá, resulta necesario considerar algunos cambios significativos. Analicemos, por el momento, dos posibilidades: las candidaturas coligadas y una segunda ronda en las elecciones generales.

Las candidaturas coligadas permiten que un candidato pueda aparecer en más de una insignia de partido. Es decir, un buen puertorriqueño o puertorriqueña podría ser candidato por más de un partido, algo prohibido en la actualidad. Expresó un columnista en estas mismas páginas que se oponía porque el candidato tendría dos lealtades y eso era una especie de “mogolla”. Cabe preguntarnos si la gobernanza y dirección de un país deben estar regidas por lealtades político-partidistas opor un plan de gobierno que pueda ser compartido por electores de partidos diferentes.

La propuesta de la segunda ronda implica que, de ningún candidato a gobernador obtener una mayoría, se pasaría a una segunda ronda con los dos candidatos con más votos. Nuevamente, cabe preguntarse, ¿es negativo para la democracia que los partidos principales tengan que encontrar puntos de convergencia con los partidos o movimientos más pequeños, de manera que puedan recibir su apoyo en una segunda ronda? Es de esperarse que los partidos excluidos de la segunda ronda apoyen al partido que proponga un mejor programa de gobierno o se comprometa a implantar aspiraciones avaladas por la mayoría de esos puertorriqueños, que, por una razón u otra, están afiliados a distintos partidos. Aspiraciones como acceso a una vivienda digna, a una educación accesible y de calidad, y a servicios de salud orientados al bienestar del paciente, entre otras.

Me parece que si hemos cambiado de gobierno cada cuatro años ello refleja inequívocamente la molestia con el desempeño gubernamental, por lo que quizás ya es hora de cambiar la estructura mediante la cual son electos determinados funcionarios. Quizás ahí es que reside una gran parte del problema.

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