Luis G. Collazo

Tribuna Invitada

Por Luis G. Collazo
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Es imperativo una nueva “criatura” nacional

La tragedia que hoy nos ha determinado no necesariamente se debe al huracán María, sino a una larga trayectoria viral de asincronía permanente y generalizada. Hemos perpetuado e institucionalizado un estilo de ser colectivo e individual que escinde los vínculos necesarios y fundamentales para lograr un proyecto coherente de nación y pueblo.

La carencia de una estrategia económica y política sincronizada, en función de un futuro humanamente viable y posible, nos ha llevado a una profunda disfuncionalidad sicosocial y comunitaria. Por eso hoy vivimos los resultados de una vasta infección de incompetencia, negligencia gubernamental y vacío existencial. Para nada me es extraño lo que hoy sufrimos y vivimos. Sería viralmente ingenuo ignorar el hecho histórico de un colonialismo que, acompañado por un sistema económico sin escrúpulos, escinde la fibra esencial de la dignidad humana.

Los síntomas de la asincronía que vivimos se manifiestan en discontinuidad colectiva, analfabetismo político, protagonismos vacíos, explotación financiera, opresión económica y, por ende pobreza, miseria estructural, violencia generalizada, deterioro en la salud mental, corrupción sistémica, entre otras “dolencias” sociales. Aunque nos incomode a nivel anímico hay que decir que “lo que se siembra es lo que se cosecha”.

No debemos reprimir lo que la historia y la realidad nos imponen: el camino a recorrer será largo y penoso. Pensar distinto sería retornar a modelos que perpetuarían estilos imbéciles de progreso nacional. Una realidad crítica demanda una opción radical. Lo de radical lo planteo porque es imperativo una nueva “criatura” nacional, inmolar la “vieja” configuración de pueblo que permitimos e inmoralmente endosamos.

Entonces se trata de una nueva voluntad colectiva radical que propicie y construya la nación “sincrónica”. Una nación coherente en su planificación, holística en su concepción comunitaria, lógica y afectiva en su estilo de ser, sensible a la aldea planetaria, comunitariamente culta, económicamente justa, libre e interdependiente, abierta a los signos de los tiempos y al cambio táctico, con la esperanza como bien histórico.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, nos recordaba el poeta Antonio Machado. A esta generación de puertorriqueños la historia le ha otorgado la factura de construir una nueva nación. La gesta demandará gran tesón y empeño, voluntad férrea, utopía infinita y gran amor a la vida y a la paz. La tarea no puede darse desde la inmediatez sino con paciencia liberadora en lo micro y en lo macro. Implicará en el camino exilio y retorno con alto sentido de rectificación inteligente. Será necesaria la sensatez y la prudencia con gran ahínco, pero con valentía personal y colectiva. No será asunto de protagonismos, sino de una auténtica peregrinación en interdependencia y mutualidad creativa.

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