Stephanie Figueroa Figueroa

Tribuna Invitada

Por Stephanie Figueroa Figueroa
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Es necesario construir entornos seguros para la niñez

En Puerto Rico, con demasiada frecuencia vemos titulares con noticias desgarradoras sobre mujeres que mueren durante eventos de violencia género. Esos crímenes dejan a numerosos niñas y niños sin sus madres, una de las figuras más importantes para su desarrollo. Los hijos e hijas de las víctimas se convierten en los rostros invisibles de este problema, debido a su condición de vulnerabilidad.

Como trabajadora social, en múltiples ocasiones he escuchado entre lágrimas las desgarradoras historias de niños que, cabizbajos y con manos temblorosas, narran el terror que han vivido día tras día en sus casas.

Aunque un hogar, rodeado de su familia, debería ser el lugar más seguro para estos menores, allí es donde muchas veces impera el miedo, la incertidumbre y la violencia.

Recuerdo como una niña de ocho años expresó que cuando su papá llegaba borracho en las noches, entre gritos amenazaba a su mamá con un cuchillo. Mientras esto sucedía, la niña se escondía con sus hermanos más pequeños en uno de los cuartos. La menor comentó que, aunque sentía mucho miedo, no lloraba frente a su madre porque se ponía triste. A tan corta edad, la niña protegía a su mamá de la única forma que conocía, ocultándole sus sentimientos y emociones, para no provocarle más dolor.

A corto, mediano y largo plazo, la violencia de género acarrea efectos negativos significativos en los menores. Las investigaciones afirman que se afecta el desarrollo emocional, provocando síntomas de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés post traumático y manifestaciones de conducta agresiva.

A nivel social, además, dificulta el establecimiento y mantenimiento de relaciones interpersonales, provocando aislamiento. En el aspecto académico, propicia bajo rendimiento escolar y aumenta el ausentismo. Además, pueden desarrollarse trastornos del aprendizaje y lenguaje. Mientras, en ciertos casos se expone a los menores al maltrato físico, emocional, psicológico, negligencia y hasta al riesgo de muerte.

Nuestra niñez tiene derecho vivir en un ambiente adecuado, en el que satisfaga sus necesidades físicas y disfruten del cuidado, afecto y protección de sus cuidadores. Es esencial garantizar su pleno desarrollo físico, mental, espiritual, social y moral.

Es momento de repensar la violencia de género como una problemática que violenta los derechos humanos de los niños y niñas. Somos responsables de tomar acción y desarrollar estrategias de prevención e intervención para esta población.

La responsabilidad ciudadana es indispensable. En la mayoría de los casos, es la primera ayuda a la que puede tener acceso la víctima y sus hijos. No silenciemos las voces de los menores que buscan sanar sus heridas. Escuchémoslos y miremos sus rostros. No son invisibles. Es nuestra responsabilidad construir entornos seguros y de paz.

La violencia de género es un problema de salud pública que va en aumento en Puerto Rico. El Centro de Apoyo para Víctimas del Crimen (CAVIC) ofrece, libre de costo, servicios interdisciplinarios a víctimas de todo tipo de delitos. Para ayuda y orientación, llámenos al 787-763-3667.

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