Vicente Feliciano

Tribuna invitada

Por Vicente Feliciano
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Es necesario el cierre de escuelas

Las escuelas son centros de producción de servicios de educación. Como todo servicio en el mercado, tiene que ofrecerse con un buen nivel de calidad y a un costo razonable.

El sistema de educación pública en Puerto Rico falla en ambos criterios. El anunciado cierre de 283 escuelas es una oportunidad para mejorar en ambos asuntos.

El número promedio de estudiantes por escuela en los Estados Unidos osciló cerca de los 500 estudiantes desde el 1990 hasta el presente. Puerto Rico mantuvo un nivel constante, cerca de 400 estudiantes por escuela, entre el 1990 y el 2000. Debido a la caída en población en los grupos de edad escolar, para el 2014 el número de estudiantes por escuela se había reducido a casi 300 por escuela.

Presionados por los cambios demográficos y la caída en el número de alumnos, la administración de Alejandro García Padilla comienza con cierres de escuelas. Los mismos se aceleran durante la administración de Ricardo Rosselló. Sin embargo, a pesar de este esfuerzo, para cuando comienza el año escolar 2017-2018 el número de estudiantes por escuela se situaba en cerca de 300. Todavía se necesitaban más cierres de escuela… y llegó el huracán María.

La emigración súbita de unas 200 mil personas reduce significativamente la necesidad de escuelas. Además, el perfil demográfico hace inevitables reducciones futuras en la población escolar. Cada año entran menos estudiantes a kínder que los que se gradúan de escuela superior antes de ni siquiera considerar issues como deserción escolar y emigración. El propuesto cierre de 283 escuelas llevaría el número de estudiantes por escuela a cerca de 400.

Escuelas más pequeñas implican que el director de la escuela puede ofrecer una mejor supervisión del plantel. Al mismo tiempo, una escuela pequeña implica una comunidad escolar donde los padres se conocen y podrían estar más comprometidos.

Por otro lado, escuelas más pequeñas implican una proporción mayor en costos administrativos y menos en gastos directos de enseñanza. Escuelas más pequeñas limitan la enseñanza de cursos electivos y programas extracurriculares. Así pues, es mucho más fácil tener en una escuela grande un grupo estudiando cálculo, un grupo en francés y una banda musical.

El cierre de escuelas no implica necesariamente un problema de un número inapropiado de estudiantes por salón. A decir verdad, el tema de estudiantes por maestro no debería ser un problema en Puerto Rico. Debido a los cambios demográficos, el número de estudiantes por maestro es menor que en los Estados Unidos. En promedio en el 2013, la razón de estudiantes por maestro en Puerto Rico era 13.4 comparado con 15.7 en los Estados Unidos. Debido a la fuerte reducción en matrícula en Puerto Rico, es probable que la brecha se haya ampliado.

El problema es que en Puerto Rico tenemos maestros de escuela elemental de más y tenemos maestros de escuela superior de inglés, matemáticas y ciencias de menos. Un proceso de optimización implicaría indicarle a un grupo de maestros de elemental que tienen dos opciones, reentrenarse para los temas para los que hay demanda o renunciar para que el Departamento de Educación pueda contratar más maestros en las áreas que necesita. Los cierres de escuela generan ahorros para aumentar los salarios de los maestros en las áreas de difícil reclutamiento.

En el Puerto Rico de ayer había recursos para posponer las decisiones difíciles. Hoy día hay que tomar las decisiones difíciles y una de ellas es cierres de escuelas.

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