Leo Aldridge

Punto de Vista

Por Leo Aldridge
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Es necesario un plan de protección de nóminas criollo

El jefe de la Reserva Federal advirtió ayer que el golpe a la principal economía del mundo no tiene precedentes en la historia moderna y que probablemente la devastación será permanente, con cientos de miles de quiebras y un prolongado cuadro de desempleo. Como dice el famoso adagio, un catarro allá es una pulmonía acá. Y vaya pulmonía.

Puerto Rico cuenta con aproximadamente 43,000 negocios. Muchos de ellos tenían un margen de ganancia mínimo y, tras dos meses clausurados, se ha arruinado o depreciado inventario sobre el cual, por cierto, se sigue pagando impuestos al mismo gobierno que no le permite operar. Ese negocio probablemente continuó pagando renta al casero y, en algunas ocasiones, mantuvo en nómina a algunos de sus empleados.

La ayuda del gobierno local – los $1,500 a las pequeñas y medianas empresas – realmente dio, como mucho, para pagar un mes de renta en un negocio minúsculo o una quincena para un empleado. No mitigó, en forma alguna, la devastación, aunque el secretario de Desarrollo Económico y Comercio, Manuel Laboy, me dijo ayer que “pronto” la gobernadora Wanda Vázquez anunciará nuevos y mejores incentivos para las pymes que saldrán de los $2,200 millones de fondos federales del Cares Act.

Qué bueno, pero que se apresuren y dejen el misterio. Anuncios hemos tenido en cantidad, pero ejecución muy poca. El tiempo para muchas de estas empresas es oro, y de parte de algunos funcionarios gubernamentales – que reciben su cheque quincenal sin falta – no se percibe un sentido de urgencia para mantener con vida el corazón de la economía puertorriqueña, que es el sector privado.

Con todo ese dinero federal disponible, no es necesario reinventar la rueda. La hoja de ruta a seguir es el Payment Protection Plan (PPP) administrado por la Small Business Administration (SBA). Los préstamos otorgados por la SBA al principio fueron en extremo lentos para los negocios en Puerto Rico, pero luego tomaron vuelo y, según me comentó el economista José Caraballo Cueto, han beneficiado a cerca de 25,000 de los 43,000 negocios en la Isla.

Eso, por supuesto, es una gran noticia. Pero la otra cara de la estadística es que restan 18,000 pymes en la Isla que no se beneficiaron del PPP federal. Por eso, con los $2,200 millones federales a su disposición, esta Administración debe crear, cuanto antes, un PPP criollo que le dé la mano a todas esas empresas que quedaron fuera de las ayudas del SBA.

A nivel local, según Caraballo Cueto, la entidad gubernamental mejor situada para hacer operacional un PPP criollo sería el Banco de Desarrollo Económico.

Otras políticas públicas que deberían considerarse, aunque sea limitado a la vigencia de la pandemia, es la eliminación del impuesto al inventario, pues, como me dijo el empresario Carlos López Lay, encarece en extremo el costo de hacer negocios, especialmente durante una emergencia como la actual. Los comerciantes deben pagar impuestos sobre su inventario y, si no lo venden rápido, se torna en una operación perdidosa. Además, incentiva a los comercios a que tengan pocos artículos en “stock” para evitar pagar contribuciones sobre ellos.

Por otra parte, el gobierno debe considerar proveerles ayudas directas a los trabajadores puertorriqueños que opten por regresar a laborar a sus patronos privados. El empresario Manolo Cidre me comentó que los casi $700 semanales de ayudas del desempleo – si es que finalmente el Departamento de Trabajo y Recursos Humanos aprende a desembolsarlos – competirían contra el regreso al trabajo donde, más veces que no, la compensación sería menor.

Asimismo, es fundamental que se reestablezca un fondo destinado a reembolsarles a los patronos por el gasto de mascarillas, guantes y otro material sanitario. La primera partida de $8 millones ya se acabó.

Una versión local del PPP federal, en conjunto con los demás incentivos y las ayudas de la SBA, les daría un muy necesario aire a las empresas puertorriqueñas que, por décadas, han formado parte esencial del ecosistema económico y hasta cultural de la Isla. El dinero está. La infraestructura (el Banco de Desarrollo Económico) está. El capital humano para desarrollar los parámetros de los préstamos está. Ahora solo falta voluntad política y, sobre todo, rapidez, solidaridad y agilidad.

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