Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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¡Esos satos borincanos!

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Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín. Tercera semana de mayo. Llueve copioso sobre Isla Verde, añadiría que llueve bonito. Pero, el sol no deja de resplandecer. ¿Pugna la lluvia por rebasar al sol o pugna el sol por rebasar la lluvia? No lo sé. Sé que ahora la lluvia navega sobre la pista y que el sol dispara rayos furiosos sobre la costa esmeraldina de Piñones.

A nuestro clima no le sientan las medias tintas, cuando dice llover llueve y cuando dice secar seca. En cambio le sienta la coexistencia de microclimas: veces hay cuando llueve a chorros en una calle y en la próxima el sol impera.

Satisface mirar la lucha que libran el aguacero y el sol. De cara a la quiebra económica que reducirá a nada a los de siempre, de súbito rebautizados como “los más vulnerables”, satisface disfrutar de un show de luz y sonido como éste que observo a través de una pared de cristal gordo.

Mi mirada se desplaza de la costa de Piñones al pájaro de acero que me transportará al Aeropuerto Internacional John Fitzgerald Kennedy. La salida se prevé a las doce y cuarenticinco del mediodía. Como soy impaciente llegué al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín con antelación exagerada. A las nueve y cuarenticinco ya había pasado los controles de seguridad. A las diez contemplaba al aguacero ennegrecer el cielo y al sol iluminarlo.

Antes me acusé de impaciente, ahora de ansioso. El encierro en la barriga del pájaro de hierro me desasosiega. Menos mal que la lectura todo lo cura. Me resisto a entrar al avión sin libro en mano. “Que no haya viaje sin libro” podría ser un eslogan de circulación provechosa. Adelantándome a la circulación del eslogan fui a “Laberintos” a comprar “Comida de peces”, de Manolo Núñez Negrón y a “Casa Norberto” a comprar “El viaje vertical”, de Enrique Vilas-Matas.

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La mañana no avanza. O avanza al son sonsacador del megaéxito de Luis Fonsi y Daddy Yankee, “Despacito, Despacito”. Como la mañana no avanza vagabundeo por la sala de espera, despacito, despacito. Igualmente despacito, despacito vagabundeo por varios titulares de periódico. “Multa a la Universidad”. “Criminalizan las protestas”. “Libre Oscar López”. “Plebiscito para la descolonización inmediata”. El primer titular fastidia, el segundo indigna, el tercero conmueve, el cuarto da risa.

Previo a la multa que acaba de imponerle la judicatura a la Universidad de Puerto Rico ya la Junta del Control Fiscal la había multado bajo el disfraz de un recorte presupuestario, rayano en la indecencia. Criminalizar las protestas confirma que el fascista jamás encoge el brazo. La excarcelación pone al alcance de Oscar López unos benéficos trozos de vida. ¿Descolonizarnos a cambio de asimilarnos?

Vagabundeo despacito, despacito por varias portadas de revistas “del corazón”. Jenniffer y Alex son felices. Los negocios de Ivanka van viento en popa. Ricky se casará tres veces: en Puerto Rico, en Estados Unidos de Norteamérica, en Suecia. ¿Radicará en la frivolidad la única democracia participativa del mundo contemporáneo?

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Despacito, despacito avanzan las manecillas del reloj. Despacito, despacito llegan más pasajeros, con preferencia simpatizantes de la ropa informal. Que no van al Palacio de Buckingham a tomar el té con la Reina Isabel, van a nuevayorkear. Y las conjugaciones del verbo nuevayorkear son dificultosas.

¡Powerball! El vuelo saldrá a tiempo. Los pasajeros nos arremolinamos junto a la entrada y accedemos al pájaro de acero a las doce y quince. Desde mi asiento de ventanilla observo los obreros abastecer la barriga del pájaro. Comida a consumirse a bordo, maletas, bultos, cochecitos de bebés, estuches de guitarras y “Borinquen Satos” como se identifica a los pasajeros que viajan enjaulados, en ruta a hogares adoptivos. Y es que la crisis económica obliga al cierre de albergues. Nunca vi tantos perros satos ingresar a la barriga del pájaro de acero.

La palabra sato identifica, con preferencia, al perro carente de linaje o pedigrí. Irónicamente, en la falta de linaje o pedigrí consiste su atractivo supremo: ninguno se parece a ninguno aunque todos ladren. Me lo recuerdan esos satos borincanos a quienes el soporífero todavía no calla.

Los satos te dan lecciones, lecciones te dan los satos: la diferencia es el único lujo al alcance de toda criatura. Racional o irracional, toda criatura pertenece al grandioso reino de la diferencia. La diferencia es la norma aún cuando demasiadas criaturas racionales se horroricen de admitirlo.

La capitana anuncia el despegue. Como cultivo el eslogan “Que no haya viaje sin libro” empiezo a leer “Comida de peces”. Ojeo la costa esmeraldina de Piñones. Acá arriba no llueve.

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