José M. García Rivera

Punto de vista

Por José M. García Rivera
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¿Es posible domar a los huracanes?

Se ha tratado de destruir, o al menos debilitar a los huracanes. Esta idea fue considerada a medida que el conocimiento científico y la tecnología avanzaron a tal velocidad, que los humanos se tomaron el atrevimiento de pensar que podían “domar” el poder de las tormentas más violentas del océano. Esto parte de la lucha del ser humano de controlar a la naturaleza, cosa que ha logrado con diferentes grados de éxito. De esto existen incontables ejemplos en casi cada sociedad y época histórica. 

En el caso de los huracanes podemos catalogar el nivel de éxito para controlar su intensidad, como nulo, o fracaso total. Parte del motivo es debido a la metodología empleada en los intentos, además de la escala y magnitud de los ciclones. Para poner el asunto en contexto, un huracán, en un día, puede generar suficiente energía como para suplir electricidad a todos los Estados Unidos durante seis meses. Mas aún, los vientos de un huracán de intensidad promedio pueden generar, durante su existencia, suficiente energía como para electrificar a la mitad del planeta. Si tomamos en cuenta la totalidad de las características de estos (vientos, lluvias, nubosidad), un huracán genera cerca de 200 veces la capacidad de energía eléctrica del planeta. Y esto es con un huracán promedio, no uno de la liga de María. 

Con esto en mente, podemos ver que el reto es grande y seguramente costoso en cada sentido aplicable. Veamos cómo nos ha ido en esta aventura.  

Project STORMFURY”: Es el único proyecto oficial sustentado por el gobierno de Estados Unidos para debilitar huracanes, efectuado en cuatro huracanes entre 1961 y 1971. La idea central del mismo fue el liberar yoduro de plata, una sustancia capaz de ayudar a la formación de nubes, en la región justo afuera de la pared de los huracanes con la intención de formar un segundo anillo de pared alrededor de la original. Se esperaba que así, ya formada la nueva pared (externa) el huracán perdiera fuerza debido a la competencia entre ambas por la energía disponible.

En aquel entonces, se esperaba que la presencia de condiciones similares a las observadas en tormentas eléctricas sobre tierra ayudase a que funcionara el experimento. El experimento fracasó cuando se determinó que no existían las condiciones necesarias como para que el yoduro de plata iniciara la formación de nubosidad intensa. Esto causó que el proyecto cesara, y que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) se enfocara en entender mejor las características de los huracanes para poder mejorar los pronósticos de ruta e intensidad. Ese es el enfoque actual, el cual ha rendido grandes frutos en décadas recientes. 

También se encontró posteriormente que la intención de STORMFURY, formar un segundo anillo alrededor de la pared original, es algo que ocurre naturalmente con el proceso conocido como “sustitución de paredes” o “paredes concéntricas”. Esto fue lo que llevó a María a debilitarse rápidamente de 175mph, a cerca de 155mph al tocar tierra en Puerto Rico. (Véase las imágenes de radar de María antes de entrar, con dos anillos concéntricos bien definidos.) Ya superado el intento de STORMFURY, se han barajado otras ideas para debilitar huracanes.

Bombas nucleares para “destruir” huracanes: Este tema de la Guerra Fría ha retomado relevancia mediática debido a algunas expresiones al respecto del presidente de los Estados Unidos en semanas recientes. Esto es inviable por donde se mire. Usando los estimados científicos, la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) estima que un huracán promedio consume el equivalente a 10,000 bombas nucleares. Se estima que Estados Unidos posee alrededor de 6,000 bombas nucleares en la actualidad. Asumiendo que se usen, y que funcionen, el costo ambiental sería incalculable. Es una idea inviable, nada más que añadir. 

Otras ideas, como la conspiración sin fundamentos sobre del uso del proyecto investigativo HAARP en Alaska para manipular la atmósfera y eventos como huracanes, han quedado sepultadas en esta infame lista de intentos o ideas para debilitar huracanes.

El mejor antídoto contra el paso de huracanes es tener sociedades bien preparadas para enfrentarlos en las fases de preparación, durante el azote, y recuperación

Una sociedad “resiliente”, en teoría, logra que el monto mayor de esfuerzo e inversión sea puesto en la preparación a corto, mediano, y largo plazo. En consecuencia, la fase del azote se minimiza en costo de pérdidas de vida, y la fase de recuperación se mitiga en costo monetario, y en tiempo de compleción. Esto ha sido logrado en zonas que ven azotes más frecuentes, y donde se ha puesto un esfuerzo mayor para evitar el costo de reinversión cada vez que un ciclón les impacte. Dos casos ejemplares son el de Japón y Taiwán. En el Atlántico tenemos ejemplos con Bermudas e Islas Caimán. El tema de la resiliencia ahora es parte de la discusión diaria en Puerto Rico. Veremos cuantas ideas que nos acerquen a esa meta se logran concretizar. Los huracanes, mientras tanto, no nos van a esperar.


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