Miguel A. Pereira Castillo

Punto de vista

Por Miguel A. Pereira Castillo
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¿Es Puerto Rico un narcoestado?

Un narcoestado existe cuando hay personas del narcotráfico dentro del gobierno y se otorga libertad para negocios ilícitos. Uno no controla al otro. Esa relación destruye, porque se basa en el crimen como vehículo económico. El país pierde su potencial de desarrollo íntegro con personas honestas. Se avivan perfiles terribles de una sociedad.

Técnicamente Puerto Rico no es un narcoestado

No podemos autodenominarnos, ni permitir que nos señalen. Somos una “narco sociedad”.

No estamos ganando la “guerra contra las drogas”. El narcotráfico y sus males son parte integral de la realidad conductual y han logrado protagonismo en la sociedad. Por eso la alta criminalidad.

El resultado es crítico. Provoca miedo, inseguridad y falta de confianza en el gobierno. Nuestros niños se traumatizan, desarrollan miedo al escuchar sobre el crimen, “que la cosa está terrible, que hay que irse de aquí”. Cuando un niño tiene miedo la sociedad llora. Hay obligación de actuar y exigir medidas de recuperación. Por décadas el gobierno ha tratado de combatir el problema del narcotráfico sin resultados. La “guerra contra las drogas” no funciona. Es un enfoque incorrecto e inadecuado.

¿Cuándo empezó esto? ¿Cuándo fue la última vez que usted escuchó la palabra punto y pensó en la regla ortográfica? En ese momento fue cuando supusimos que Puerto Rico es un narcoestado. Así, adoptamos como nuestras todas sus consecuencias. Cuando el punto es donde hay drogas a la venta, personas dispuestas a venderlas y a defenderlas hasta la muerte, estamos aceptando las reglas de conducta que nos impone el narcotráfico.

Muchos políticos del país siguen insistiendo en la “guerra contra la droga” como estrategia principal. Los cambios siempre producen miedos.  Insistir en la repetición absurda de estrategias inefectivas, siempre va a producir fracasos. Pregúntese usted si ha percibido un crecimiento en la disponibilidad de sustancias ilegales en este país a través de su vida. Si su sentir es que sí, eso le da a usted la respuesta al fracaso de esta guerra. Como fiscal federal fui equivocadamente creyente en que ese método funcionaba.

Como Superintendente de la Policía de Puerto Rico, dejé un Plan Anticrimen en ejecución, desarrollado por expertos doctorales, junto a este servidor. Este Plan para protección a personas y comunidades mediante la prevención, intervención e interacción de las comunidades, incluía, entre otros: 

• Un ataque frontal al uso y trasiego de armas y drogas

• Una coordinación interagencial efectiva dirigida al aumento en el esclarecimiento y procesamiento del delincuente

• Recopilación y evaluación de estadísticas criminales mas confiables

• Enfoque en la prevención y educación a niños y jóvenes

• Establecer centros KOBAN en los residenciales (cuarteles de Policía integrados a la comunidad)

• Activación de los concilios de Seguridad Vecinal con participación de los vecinos y la policía

• Activación de los Códigos de Orden Público.

Es momento de sentarnos en total apertura y considerar otros caminos, algunos andados por otros, incluyendo estados del Norte. Son complejos, pero urge legislar y despenalizar el uso de las drogas tratando al adicto o usuario bajo el tema salubrista y no criminal, legislar sobre la medicalización de la droga y sobre la legalización. Implantar la prevención y la rehabilitación como puntas de lanza para todo esto. Más aún, legislar sobre prevención mediante educación de K a 12.

Estas estrategias buscan terminar con el negocio ilícito de la venta de drogas, convirtiendo al Estado en el control del despacho, administración y fiscalización de esa droga, y ayudando al usuario a educarse y rehabilitarse.

Nosotros en este país tenemos el conocimiento para cambiar las estrategias estériles. Debemos abandonar el miedo paralizante, creando soluciones distintas. Tengamos fe en nosotros. 

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