Maricelly Santiago Ortiz

Tribuna Invitada

Por Maricelly Santiago Ortiz
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¿Es real sobrevivir al cáncer?

En junio se celebra la sobrevivencia de cáncer en Puerto Rico, como en el resto del mundo. El Instituto Nacional de Cáncer define al sobreviviente desde que es diagnosticado con la enfermedad, no solo cuando termina con éxito su tratamiento. Es posible que usted conozca a un sobreviviente de cáncer que ha tomado las riendas de su vida. Nos preguntamos cuán difícil debe ser ese proceso para el sobreviviente o su familia. Pero sepan que el sobreviviente es un ejemplo en nuestra sociedad: son héroes anónimos de las comunidades. 

Hace unas semanas, una paciente me preguntó si la sobrevivencia era real. Mi respuesta fue afirmativa y contundente. El cáncer no es una sentencia de muerte. Puedo dar testimonio de cómo esta enfermedad ha servido de vehículo para que el sobreviviente y el co-sobreviviente se aferren más a la vida. 

Ciertamente, los sobrevivientes definen su sobrevivencia como su nueva normalidad, como el nuevo significado de vida. Al ver que su vida pudiera terminar como no desean, aprenden a valorarla más, así como a las personas que les rodean. Sin embargo, por más fuerte que sea el tratamiento y la recuperación, muchos sobrevivientes han incorporado a su vida el sentido de pertenencia que los llevo a tomar decisiones importantes en sus entornos cotidianos. Incluso, a partir del diagnóstico han aprendido a cuidar mejor de sí mismos y a valorar el cuidado que les brindaban los más cercanos. 

De acuerdo con el Registro Central de Cáncer en Puerto Rico, se han reportado más de 60,000 sobrevivientes en la isla. Se trata de sobrevivientes que han aprendido a transitar su proceso de tratamiento y rehabilitación, y que han mejorado sus prácticas para resolver problemas comunes y pautas para manejar su salud emocional, física y social. 

Incluso, una gran cantidad de sobrevivientes se ha convertido exitosamente en promotores de la salud, investigación y cuidado del cáncer. Incluir estos componentes en su vida, los incentiva a aprender más de la enfermedad y curar muchas de las cicatrices que no se observan a simple vista durante el transcurso del padecimiento. 

La sobrevivencia es real. La mejor manera de aprender acerca del sobreviviente, sus necesidades y preocupaciones es acercándose con admiración y respeto. Si tiene un sobreviviente o un co-sobreviviente en tu familia, trabajo o entorno cotidiano, le exhorto a que anime y respete su valía. Sus testimonios ganan vidas.

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