Rafael Cox Alomar

Punto de vista

Por Rafael Cox Alomar
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¿Estadidad Sí o No?

Hace exactamente 100 años, a sólo meses de la aprobación de la Ley Jones, José De Diego le lanzó la siguiente advertencia al liderato de su Partido Unión:

“Muy pocos de ustedes se dan cuenta de la importancia de este periodo en la vida y el destino de nuestro país: podemos perderlo todo, todo, en esa política burocrática y oportunista dispuesta a cambiar por unas pequeñas ventajas de presente el triunfo del ideal en un cercano porvenir.” (Carta de De Diego al Dr. Leopoldo Figueroa, 11 de julio de 1916.)

Esas aleccionadoras palabras de De Diego, escritas durante su última visita a Barcelona, deberían retumbar hoy en el ánimo y la consciencia del máximo liderato del PPD. Y es que para los soberanistas la propuesta de referéndum estadidad sí o no, más allá de ser la estrategia equivocada en el momento histórico equivocado, nos llevará a un callejón sin salida donde quedarán enterrados para siempre nuestros más caros ideales.

Debajo de esa lápida quedará sepultado para siempre el mecanismo procesal de la asamblea de status, así como el supremo ideal autonómico cuyo destino hoy fluye inexorablemente hacia el modelo político de la soberanía en asociación.

¿Y por qué?

Porque es evidente que ahora mismo, en ausencia de una expresión del Congreso que exponga en blanco y negro las onerosas y pesadas condiciones de entrada que se le impondrían a Puerto Rico previo a su admisión como estado, es muy probable que la estadidad gane un referéndum criollo. Más aún, como corolario del abrumador rechazo que el electorado en este momento siente contra el gobierno popular más impopular de los últimos tiempos, no es difícil preveer que una victoria de la estadidad muy bien podría materializarse. Seducido por demagógicos cantos de sirena, el pueblo habría emitido un mandato distorsionado a favor de una fórmula sobre la cual el Congreso nunca se ha expresado ni definido ni mucho menos interesa concederle a Puerto Rico --- como demostró el estrepitoso fracaso del proyecto de admisión que Pierluisi radicó en el Congreso en mayo de 2013 (H.R. 2000).

El pueblo estaría dando palos a ciegas. Y el liderato popular estaría, precisamente, instando a los puertorriqueños a votar a lo loco. Y para colmo, a nivel local, tanto en el PNP así como en algunos sectores del PPD, se interpretaría tal resultado como un mandato legítimo a favor de la estadidad cerrándole el paso de un tirón a la soberanía. Tanto así, que el presidente del PPD se ha comprometido a cabildear por la estadidad si ésta prevaleciera en un escenario como el antes expuesto.

Bajo ese escenario, caeríamos en el más abyecto limbo colonial porque el Congreso, a diferencia de lo que ingenuamente piensan algunos aquí, no va a hacerle ningún caso a los resultados del referéndum criollo. No obstante, aquí el liderato estadista, envalentonado, cacareará que no hubo tal rechazo a la estadidad en Washington y que hay un mandato para que desde el gobierno de Puerto Rico se luche por ella. Mientras, un liderato popular comatoso, con el rabo entre las patas, irá a Washington nada más y nada menos que en búsqueda de la estrella 51. Y, desde luego, sin remota idea de hacia dónde ir ideológicamente, toda vez habría perdido el tiempo en la distracción del “si o no,” en lugar de haberse definido internamente, como exige el momento histórico que nos ha tocado vivir.

¿Es que no hemos aprendido nada de los alucinantes fracasos de los plebisicitos criollos de 1967, 1993, 1998 y 2012? ¿Es que vamos a seguir jugando a la política chiquita en el momento más neurálgico de nuestra lucha por la descolonización? ¿Es que alguien realmente cree que con propuesta tan superficial se ganarán las próximas elecciones en momentos tan adversos al PPD? ¿O que algún estadista o “pierluisista” desafecto realmente va a votar popular?

A otro perro con ese hueso.

A los populares cautela. No cometamos el mismo error de juicio del incauto David Cameron, artífice del “brexit,” quien, en palabras del expresidente español Felipe González, incendió la casa para salvar los muebles y se quedó sin casa y sin muebles.

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