Carlos Orlando Acosta Flores

Tribuna Invitada

Por Carlos Orlando Acosta Flores
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Estados Unidos entre los menos racistas

Desde que era pequeño, he escuchado una expresión que casi todo el mundo toma por certera, sin siquiera pensarlo dos veces: “todos los gringos son racistas”. Pero cada vez que lo pienso y le doy más vueltas, más me parece una declaración contradictoria, un oxímoron transformado en un hecho aparentemente científico por un colectivo masivo, la sociedad. ¿Acaso generalizar una característica negativa sobre una raza entera no es lo que hemos tachado como racista y xenófobo durante todos estos años?  

Los números de Alexia Cooper y Erica L. Smith, estadísticos del Departamento de Justica de los Estados Unidos, muestran que el 52.5% de los homicidios cometidos en los Estados Unidos desde 1980 hasta 2008 fue perpetrado por afroamericanos a pesar de que estos representan solamente un 12.6% de la población total del país. Aun así, si alguien dice que “todos los negros son asesinos”, despertará una ola de incomodidad y repudio en la gente. Y por excelentes razones: ese es un comentario racista. Al parecer, esto va en una sola dirección, los comentarios racistas no aplican para los “gringos”, un claro ejemplo de la doble moral social y mediática. Quizás realmente Estados Unidos es uno de los países más racistas del mundo y por eso el primer comentario es más socialmente aceptado que el segundo. Al fin y al cabo, los estereotipos siempre provienen de una realidad proyectada en la sociedad, pero ¿es esto cierto? ¿Es Estados Unidos un país mayoritariamente racista?

Un estudio conducido por economistas suecos y publicado en 2013 por Max Fisher en The Washington Post, muestra un mapa del mundo con los países más y menos racialmente tolerantes. Este censo les preguntaba a personas comunes de más de 80 países que identificaran qué tipo de personas no les gustaría tener como vecinos. Debían escoger de una lista, una de cuyas opciones era “personas de una raza diferente”. El estudio razonaba de una forma simple: “The more frequently that people in a given country say they don’t want neighbors from other races, […] the less racially tolerant you could call that society” (Fisher, M., párr. 2). Luego de más de una década de investigación, los resultados arrojaban conclusiones fascinantes.

Países sudamericanos como Brasil y Colombia, y anglosajones como Nueva Zelanda y Estados Unidos, resultaron ser los más tolerantes. En esos países se acepta la diversidad racial y la tasa de inmigración es sumamente alta, con leyes inmigratorias permisivas respecto al resto de los países encuestados. En cambio, en países como India, Egipto, China y Rusia, la intolerancia racial es un concepto compartido por la mayoría de sus habitantes.

De hecho, los países más racistas de acuerdo a este estudio, son asiáticos, africanos o del medio oriente. ¿Qué tienen en común estos países? Políticas inmigratorias estrictas; llegar para quedarse en estos sitios no es tarea fácil. La población de estos países tiene menos contacto con extranjeros y personas de diferentes etnicidades o razas. Por eso, a interactuar con razas distintas se sienten incómodos y reflejan actitudes racistas. Sabemos de estudios psicológicos que prueban que el ser humano se siente más cómodo al interactuar con personas de su propia raza o etnicidad (tribalismo). Por ello nos dividimos por tribus y territorios desde el neolítico, de acuerdo a nuestros rasgos físicos y culturales. Por esto es que un país con más diversidad racial se vuelve más racialmente tolerante, por lo tanto, menos en torno a razas.

Un comportamiento natural humano, un cáncer que nos acompaña en nuestros genes y en el funcionamiento de nuestros cerebros tiene una simple cura: la diversidad racial. Ahora bien, esto da paso a otra pregunta de relevancia. ¿Deberíamos ser más permisivos con nuestras leyes de inmigración?

Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, este país tiene la población más grande de inmigrantes en todo el mundo, con 47 millones en 2015. De esos 47 millones, 11 millones residen en los Estados Unidos completamente indocumentados. Más permisivo que esto no puede existir. Incluso, con todo lo que se ha hablado acerca del presidente Donald J. Trump, la población inmigrante sigue en alza y el promedio de deportaciones bajó de un 20,000 por mes bajo la administración de Obama, a 16,000 mensuales con Trump. Esas cifras ubican a Barack Obama como el presidente que más inmigrantes ha deportado en la historia de los Estados Unidos.

Hay un concepto clave en este asunto de la inmigración que diferencia entre lo que podría demostrar una tendencia racista y las prioridades ideales principales de cualquier país, la legalidad. Los inmigrantes ilegales desestabilizan la economía al no reportar impuestos. En casos extremos, esto puede generar una devaluación en la moneda nacional.

Es verdad que la manera en que se expresa Trump no es la mejor y en ocasiones sus palabras se sienten como un tropezón brusco, pero su enfoque político es el ideal para cualquier país que desee mantener un poco de orden y estabilidad.

La inmigración ilegal puede ser un tema sensitivo para algunos, pero realmente es bastante simple. Si no puedes adaptarte a las leyes de inmigración de dicho país, no cruces los bordes ilegalmente y mucho menos si tienes a personas que dependen de ti, como hijos o familiares. Hay más países en el mundo y pedirle más libertad de leyes inmigratorias al país con la mayor cantidad de inmigrantes en el mundo, es un sin sentido. Antes de victimizarte por racismo, recuerda que estás haciendo algo ilegal y esto es penalizado como en cualquier otro país.

Dejémonos de tantos discursos antirracistas para sentirnos bien con nosotros mismos. Analicemos con más profundidad estos temas que inquietan a la sociedad. Deja de victimizarte y hazte cargo de tus propias decisiones y acciones. Te lo dice un inmigrante venezolano legal.

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