José Aponte Hernández

Tribuna Invitada

Por José Aponte Hernández
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Esta elección es plebiscitaria

Existen procesos electorales que trascienden la historia. Elecciones Generacionales, ese es el término que analistas políticos han dado a ese tipo de eventos. En Puerto Rico hemos visto esta dinámica en distintas ocasiones. Uno de estos singulares eventos ocurrió en 1968, cuando se rompió la hegemonía que el Partido Popular Democrático tenía sobre el proceso electoral en la Isla, con el triunfo de Luis A. Ferré y el Partido Nuevo Progresista.

Las elecciones de 1996 y 2004 también pueden ser clasificadas como trascendentales debido al cambio que ambas trajeron al pueblo de Puerto Rico. La primera por el número de votos alcanzados, primera vez que se sobrepasa un millón, por el candidato del partido estadista, y la otra por ser la primera vez en el presente siglo que el pueblo escogió un gobierno compartido.

Ahora, poco más de una década después de la última elección trascendental, Puerto Rico enfrenta otro proceso de igual, o quizás, mayor relevancia. Las elecciones del 8 de noviembre son singulares y generacionales. Lo que está en disputa es mucho más que la administración del gobierno, control de la asamblea legislativa, de las alcaldías o la comisaría residente.

En esta elección se decide el futuro politico de nuestra Isla.

Recuerdo en  2013, cuando visite el Congreso llevando conmigo los resultados del plebiscito de status celebrados junto a la elección general de noviembre de 2012, en el cual la estadidad prevaleció contundentemente. Muchos de los congresistas con los cuales sostuve reuniones me informaban que el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, había rechazado esos resultados y que el mensaje que estábamos enviando no era claro. Por un lado el pueblo, apoyado por los resultados de un ejerció electoral democrático, y por el otro un gobernante que no validó los mismos a pesar de que fue electo en la misma elección y por los mismos votantes.

No me cabe la menor duda que de haber prevalecido una administración del PNP hace cuatro años atrás, el camino hacia la igualdad, hacia la estadidad, estuviese mucho más cerca de terminar.

Por otro lado, esta es la primera vez en nuestra historia que se celebra una elección bajo la sombrilla de una Junta de Supervisión Fiscal federal, ente creado por la ley federal “Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act’’, mejor conocida como “PROMESA”. La Junta fue producto de la falta de transparencia y control fiscal demostrados por varias administraciones, particularmente la presente.

PROMESA trae consigo una serie de retos para la próxima administración que pondrán a prueba muchos aspectos de la gobernanza de Puerto Rico. Existe un tenue balance entre el mandato de la Junta y las acciones que la nueva administración tome para corregir las fianzas públicas. Por eso crece la importancia de escoger a un grupo de hombres y mujeres comprometidos con sacar a Puerto Rico del atolladero en donde estamos.

La elección decidirá si la Junta se queda hasta su mandato de ley, o la misma es renovada por el Congreso, con mayores garras para, en esencia, “gobernar” a Puerto Rico. En los años noventa, la ciudad de Washington D.C. confrontó una serie de enormes problemas fiscales, incluyendo déficits presupuestarios que impedían el funcionamiento gubernamental. Ante ese panorama, el Congreso actuó e implantó una Junta de Supervisión.

Lamentablemente, el liderato politico de D.C. no supo manejar la Junta y el Congreso se vió forzado a intervenir nuevamente, aumentando los poderes de dicho organismo y el tiempo de su vigencia.

Además de los retos de PROMESA, existe la oportunidad de finalmente concluir el camino hacia la definición política. La ley federal tiene una cláusula, la Sección 402 de la Ley PROMESA, una disposición que viabiliza la realización de la primera consulta de admisión auspiciada por el gobierno federal en la historia de nuestra Isla.

Por eso decidimos que esta elección es transcendental, se convierte en una elección plebiscitaria y requiere la participar de todo el mundo para definir nuestro rumbo como pueblo. Se gana con un voto, el resto es ventaja. ¡La igualdad requiere acción: actuemos!

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