Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
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Estampas de la colonia

El play yard. Tío Sam mete a Jaldarriba en el play yard. El bebé tiene todo lo que necesita para estar entretenido el día entero. Maraquitas, payasitos, bloquecitos, muñequitos de goma, argollitas, caballitos, pececitos, pajaritos… Las barandas del nuevo corralito son altas y seguras. Así, el infante estará protegido en su mundo chiquito. En ese espacio reducido él hace y deshace a su antojo. Dentro del corralito él manda y decide. Establece su propio orden, sus propias leyes.

El play yard anterior hubo que desecharlo porque las barandas no eran tan altas, y en una ocasión Jaldarriba estuvo a punto de escaparse. Suerte que Tío Sam se dio cuenta a tiempo, le pegó tres buenas nalgadas, y lo amenazó con regaños que escarmentaron a la pobre criatura.

Ahora Jaldarriba comienza a embelecar con sus juguetes, a dar rienda suelta a su imaginación. No se hacen esperar sus inventos. Estado Libre Asociado, Operación Manos a la Obra, la Ley 600 y la Constitución, corporaciones públicas, energía eléctrica, instituciones culturales, carreteras, autopistas, urbanizaciones, centros comerciales, estadios deportivos, coliseos, salas de cine, multipisos… Jaldarriba inaugura una fábrica de brasieres, una farmacéutica, una petroquímica, un hotel de lujo. El bebé organiza un nutrido desfile para celebrar por todo lo alto la conmemoración del 25 de julio.

Tío Sam pone fin al juego inocente de Jaldarriba. Lo saca del play yard, le cambia el pañal, le da el biberón y lo acuesta a dormir. Al día siguiente el bebé volverá al corral. Allí se entregará a su rutina de soñar proyectos que nacen y se desvanecen. Tío Sam lo ha condenado a una infancia permanente y desolada.

Un pueblo demediado

Los Rayos Gamma montaron una sátira en la que Daniel Lugo interpretaba al gobernador Rafael Hernández Colón. El chiste consistía en que el mandatario tenía la mitad de la cara blanca, con el pelo lacio, y la otra mitad negra, con el pelo grifo. Su vestimenta era mitad guayabera y mitad camisa africana. Cuando el rey de España visitaba Fortaleza, Hernández Colón le ofrecía solo el lado de la cara blanca y la guayabera. Cuando el congresista afroamericano Jesse Jackson visitaba Fortaleza, Hernández Colón le ofrecía solo el lado de la cara negra y la camisa africana. Sucedió lo inevitable. El rey de España y Jesse Jackson coincidieron en Fortaleza al mismo tiempo.

Esta es la tragedia del puertorriqueño demediado, partido por la mitad desde que nace: dos himnos, dos banderas, dos patrias, dos lealtades, dos navidades, Santa Claus y los Tres Reyes Magos, las festividades boricuas y las festividades de la metrópoli.

Un pueblo que ve la independencia de dos maneras distintas. El cuatro de julio se celebra la Independencia de los Estados Unidos, que es la gran fiesta de la colonia. Fuegos artificiales, despliegue de batuteras, bandas musicales, marchas militares, carrozas... Los discursos a cargo de los “soplapotes” de aquí y de allá clausuran el jolgorio.

La independencia yanqui es la independencia “buena”. La independencia de Puerto Rico es la independencia “mala”. De “eso” no se habla. La colonia demediada persigue a los que defienden la independencia “mala”. Los carpetean, los encierran, los matan.

El gobernante demediado se arropa con la bandera puertorriqueña para pescar votos independentistas, y después participa de las primarias presidenciales en la Isla.

El gobernante demediado besa la arena de la “Isla Nena”, en un gesto solidario con los que quieren sacar a la Marina de Vieques, y después se junta con los militares estadounidenses para celebrar “El día del veterano”.

Este pueblo partido por la mitad es el más musical de los pueblos. Cantar y bailar es su forma de resistir.

Los mandriles jóvenes

El futuro gobernador de Borinquen será el mandadero de los miembros de la Junta Federal de Control Fiscal que gobernará a Puerto Rico en los próximos años. Estará disponible 24/7 para resolver los problemas que se presenten en el día a día. El gobe pondrá todo su empeño en hacer sentir bien a estos distinguidos visitantes. Asocio esta actitud servil con este dato que aparece en un ensayo de Kalman Barsy. “Entre los mandriles, los machos más jóvenes del grupo se ponen en actitud de ofrecimiento pasivo cuando se cruzan con el macho dominante”.

El gobernador contesta las llamadas telefónicas de algunos miembros de la Junta:

“Riiiiing… riiiiing… riiiiing… ¿Aló? Ah, ¿cómo está míster Hoffman? ¡Qué alegría me da poderlo sa…! ¿Que su carro amaneció con la batería agotada? Deje ese asunto en mis manos y use mi carro el tiempo que quiera. Estoy para servirle. Los boricuas nos distingui… ¿Aló, aló?”.

“Riiiiing… riiiiing… riiiiing… ¿Aló? Ah, ¿cómo está míster Brickford? ¡Qué alegría me da poderlo sa…! Por supuesto, míster Brickford, cuente con eso. A mí la playa me encanta, ¿a qué isleño no le gusta la playa? Despreocúpese. Paso por su casa para recoger a sus hijas, y ya sab… ¿Aló, aló?”.

“Riiiiing… riiiiing… riiiiing… ¿Aló? Ah, ¿cómo está míster Steinberg? ¡Qué alegría me da poderlo sa…! ¿Un buen mero? Usted se ha comunicado con la persona indicada. Paso a recogerlo en veinte minutos. Lo voy a llevar al mejor restaurante especializado en pescados y maris… ¿Aló, aló?”.

“Riiiiing... riiiiing… riiiiing… ¿Aló? Ah, ¿cómo está míster Wilson? ¡Qué alegría me da poderlo sa…! Faltaba más… Estoy aquí para lo que se le ofrezca. Sí, sí, me puede hablar en confianza. Su señora no tiene por qué enterarse. Cuénteme sin miedo. ¿Qué clase de chica está buscando? ¿Qué clase de…? ¿Que no es una chica lo que usted busca? Caramba, míster Wilson, la verdad es que me la ha puesto un poquito difícil porque… ¡No, no, no, espere! ¡Míster Wilson, míster Wilson! ¿Aló, aló?”.

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sábado, 28 de julio de 2018

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