Ana Teresa Toro

Buscapié

Por Ana Teresa Toro
💬 0

Estatua para un fracaso

A estas alturas deberíamos poder reírnos, deberían llamarnos a la carcajada estruendosa las ocurrencias de un pequeño grupo de puertorriqueños que quisiera ser cualquier cosa menos lo que es. Pero la noticia reciente acerca del proyecto de recaudación de fondos para la construcción de una estatua del innombrable presidente estadounidense en el país provoca todo, menos risa.

Una estatua para la figura que ha exacerbado —con consecuencias mortales y muy concretas— los más dañinos discursos de odio; una estatua para el hombre que en cada frase alimenta las filas de la supremacía blanca que han encontrado en él legitimidad para su agenda de odio, xenofobia, misoginia y racismo; una estatua para el hombre que no solo ha humillado y desdeñado a Puerto Rico de todas las maneras posibles, sino que es el principal responsable como líder del gobierno que controla el nuestro, de las miles de muertes que fueron el saldo de la más desordenada y desarticulada respuesta a un desastre natural que la nación más poderosa del mundo ofreció a su olvidada colonia.

Es cierto que tenemos una crisis de narrativa, y parte de ella se manifiesta en la imposibilidad de ponernos de acuerdo respecto a cuáles son las figuras que como país vamos a celebrar. Ni hablar del tono de azul de la bandera, otro punto de debate permanente. Reconocer y exaltar una figura en nuestra Historia, no significa por otro lado mirarla unidireccionalmente. Reconocer el valor de Hostos, Betances, Capetillo, Barbosa, de Burgos o Muñoz no nos hace incapaces de verles críticamente y a la nueva luz que la Historia contemporánea nos provee. Se nos va todo en lo simbólico.

El peligro verdadero es dejar de mirar a los nuestros y a las nuestras, para hacerle estatuas a aquellos que en lugar de alimentar nuestra autoestima como pueblo, se regocijan en pisotearla, escupirla y darnos la maldita dádiva de la servilleta para secarnos.

Si esa estatua llega a existir, será el símbolo más elocuente de un fracaso social. Veremos en ella, todos los días, el retrato del colonizado. Si triunfa como símbolo, no solo nos odiaremos más, sino que un buen día, sin darnos cuenta, habremos abierto la puerta al fracaso final, a dejar de ser.

Otras columnas de Ana Teresa Toro

💬Ver 0 comentarios