Mayra Montero

Tribuna Invitada

Por Mayra Montero
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Este tembloroso viernes

El viernes, como se ha dicho hasta la saciedad, es el día en que empieza oficialmente la reducción de la jornada laboral para más de cien mil empleados públicos.

Parafraseando la nota que escribió Cristóbal Colón en su diario, durante aquel primer viaje, tan fascinante y glorioso (aunque ahora algún idiota quiera tumbar su estatua): “Toda la noche se oyeron pasar pájaros”. Significaba que la tierra firme estaba cerca.

Aquí, toda la semana, que no solo de noche, hemos oído pasar pájaros.

Pero a diferencia de los de Colón, los nuestros son los pájaros de la fantasía.

Se insiste en que hay una componenda entre la Junta y el gobernador, a fin de beneficiar a este último y que, a más tardar el jueves, en el último momento, baje Dios del cielo (a ser posible en esa máquina como las del teatro antiguo) y nos salve estos meses, ya se verá después.

Se comenta que la demanda que presentó la Junta de Control Fiscal en el día de ayer es parte de un “circo mediático” para beneficiar al partido en el poder. Al acudir a la corte de distrito federal para que sea ese foro el que ordene, de manera irrevocable, la reducción de la jornada, la eliminación del bono de Navidad y otras medidas, se le estaría añadiendo “dramatismo” a la jugada final del gobernador, que los esperanzados creen que es ésta: anunciar una Alianza Público Privada, algo así como vender la operación del CRIM, y evitar las medicina amarga. Le darían alante $200 o $300 millones, y con eso resolvería de momento. (Lo que nadie explica es que, si la jugadita fuera con el CRIM, esa fuente de ingresos por algunos años, no sería ya recurrente. Como decir: pan para hoy, hambre para mañana).

A mí me cuesta creer que la Junta de Control Fiscal, todos sus miembros, su directora ejecutiva y sus asesores legales, decidan tomar a la ligera una acción tan seria como la de presentar una demanda ante una jueza federal, en este caso Taylor Swain, solo para “ayudar” al partido en el poder y “cuidar” la figura de Rosselló, haciéndolo quedar después como un gran héroe.

¿Alguien piensa que a esos niveles se procede así? Además, hay importantes bonistas exigiendo lo suyo, y donde está el Congreso de por medio, un ente federal como la Junta, profesionales todos con su vida hecha, no creo que haya nadie que se preste a tales mojigangas. Si de lo que se trata es de hacer quedar bien al gobernador y salvar la cara del partido en el poder, la demanda de la Junta sería un chiste, a sabiendas de que lo es.

Y, créanlo o no, ésa es la teoría que ha corrido en estos días, cual pajaritos invisibles que se oyen pero no se ven. En dos palabras: que los de la Junta y Roselló han acordado “fingir” diferencias irreconciliables, de cara al pueblo y que, para que la patraña sea más creíble, han llevado el caso ante los tribunales. Que la propia jueza Taylor Swain está al tanto de la componenda y sospecha que la demanda es “de mentiritas”, pero la acoge.

A mí ese argumento me parece inverosímil.

También se ha dicho que la salvadora APP que anunciaría el gobernador, podría ser la venta de las deudas del gobierno, específicamente las de Hacienda, a una empresa de cobros. Pobrecita empresa. Avísenle que tendrán que traer un ejército para perseguir evasores y poderles cobrar. Algunos se han ido del país, la madeja de la delincuencia fiscal es de un enredo colosal, y muchos de los evasores en realidad no tienen un centavo. ¿Va a venir una empresa de cobro a dar $200 millones de adelanto por correrse ese albur?

Tenemos un sistema contributivo cercano a la anarquía  —fíjense en los cientos de pequeños negocios familiares, o semi-familiares, que se incorporan como sin fines de lucro, “filantrópicos” e “investigativos”, y que se embuchan sumas alucinantes por ofrecer ciertos servicios, dinero del que no rinden cuentas.

Yo no le veo futuro a eso, a menos que el gobernador, antes del trémulo viernes que se acerca, nos dé la sorpresa de que vendió el Yunque.

El recorte de la jornada laboral de dos días al mes es malo. La eliminación del bono de Navidad, también. Pero tampoco son catástrofes insuperables.

Ayer mismo en este periódico salía a relucir la pavorosa crisis de los hospitales. Algunos de ellos, antiguamente prósperos, han cerrado plantas completas, lo que se traduce en despidos y reducción de jornada laboral.

Entre los trabajadores de la empresa privada se ha dejado sentir con mucha fuerza el primer embate del tsunami. A los empleados de los municipios también les han recortado la jornada.

Con todos los pro y los contra que ya han señalado los economistas, el gobernador no se puede encaprichar en preservar la jornada completa y el bono de Navidad de esos 133,000 empleados públicos. A Puerto Rico se le hace imposible superar un problema como el que tiene, de esa magnitud brutal, sin redoblar la capacidad de trabajo, de sacrificio, de renuncia a tantas cosas superfluas.

Desengañémonos: somos un país empobrecido que atraviesa por su peor momento. Se seguirán oyendo pasar pájaros toda la larga noche: especulaciones, conjeturas, cábalas y corazonadas.

Y el viernes, ¿qué dirá el gobernador, que negoció o se puede negociar para salir del paso?

No me lo imagino, la verdad. Ojalá que haya encontrado petróleo o minas de coltán. 

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martes, 29 de agosto de 2017

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