Marion A. Wennerholm

Tribuna Invitada

Por Marion A. Wennerholm
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Estupefactos, golpeados y agotados

No hay mal que por bien no venga, dice el refrán, pero en momentos como este se nos hace difícil ver el bien. Hemos experimentado la furia brutal de dos desastres naturales consecutivos, el segundo mucho más fuerte que el primero. Nos sentimos estupefactos, golpeados y agotados. Nos preguntamos, ¿y ahora qué?

Situaciones como esta ponen a prueba nuestro tesón y nuestra fe. Nos confrontan con la necesidad de tomar una decision transcendental:  seguir luchando o darnos por vencidos. De ahí estriba otra pregunta aún mas profunda: ¿para qué luchar?

Ante los momentos de tragedia, pérdida y gran adversidad, nuestra respuesta a esta pregunta juega un papel determinate. Cada persona dará su contestación única a la pregunta, ¿para qué seguir luchando? Y la respuesta representa el significado central que tiene su vida.

Las respuestas son tan variadas como somos los seres humanos: Seguiré luchando por.... mi familia, mis seres queridos, mi país. No me rindo porque alguien que amo me necesita (mi pareja, hijos, padres, hermanos). Me esforzaré porque tengo sueños y metas que aún no he alcanzado en la vida. Seguiré hacia adelante porque Dios me dio la vida y algún propósito tendrá para mi. Seguiré batallando porque sé que la vida tiene sus alzas y bajas y habrán mejores tiempos en el futuro. Continuaré en la lucha porque quiero ver el "bien" que vendrá después de este "mal".

El autor Richard Bach lo dijo así, "He aquí una prueba para saber si tu misión en la Tierra está terminando:  Si estás vivo, no lo es".

La contestación que le demos a la pregunta ¿para qué seguir? será el motor que nos mueva hacia adelante. Nos dará el ímpetu y la dirección que necesitamos para atravesar y superar estos tiempos tan difíciles.

No miremos hacia abajo para buscar el camino. Fijemos nuestra mirada en el horizonte, donde nos espera un futuro mejor. ¡No miremos atrás, ni para coger impulso!

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lunes, 25 de septiembre de 2017

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