Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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¿Es un demonio la tecnología 5G?

Suena preocupante esta noticia diseminada por las redes:

“El lanzamiento del 5G será tan peligroso como encender tu microondas, abrir su puerta y dejarlo encendido durante el resto de tu vida… En general, la radiación causa un gran impacto entre los seres humanos y los animales: destruye nuestro ADN, ya sea forzándolo a mutar o matando grupos específicos de células, todo lo cual conduce al cáncer. Esto es lo que debe esperar si experimenta una exposición prolongada a la radiación: náusea, pérdida de cabello, depresión profunda, confusión, incapacitación…”.

Revisemos los datos.

Primero que nada, ¿qué es esto del 5G? Se refiere a la quinta generación de una nueva tecnología de redes inalámbricas y es el último gran avance en comunicaciones. El 5G promete velocidades en su teléfono móvil entre 10 a 50 veces más rápidas que 4G, paquetes de datos más grandes, descarga de películas enteras en cuestión de segundos, y la capacidad de conectar una gran cantidad de dispositivos a su red. La mala noticia es que, para aprovecharla al máximo, tendrá que cambiar su teléfono por uno con capacidad 5G.

Pero no se trata solo de teléfonos inteligentes más rápidos. También incluye otros tipos de dispositivos, por ejemplo para los automóviles. Los carros inteligentes que se conducen solos serán capaces hasta de interpretar las luces de tránsito. No solo eso, sino que se van a poder comunicar con otros autos. También podrán comunicar sus reacciones a otros vehículos en milisegundos. Esto permitirá decidir cuándo le corresponde a su carro pasar después de parar ante un letrero de “pare” en las intersecciones, y además sabrá cuándo es seguro cambiar de carril. El tiempo de reacción para los seres humanos a un estímulo visual es de 1/4 de segundo. Imagine ahora que su coche reaccione 250 veces más rápido que usted. A 60 mph, la distancia que recorre un auto antes que el conductor pueda aplicar el freno es de unos 100 pies (30 metros). El tiempo de reacción de un auto con tecnología 5G es de una milésima de segundo, lo cual significa que el coche solo habrá rodado una pulgada (menos de tres centímetros) antes de aplicar el freno.

En fin, las ventajas del 5G son inmensas y ha llegado al mundo para quedarse. A finales de octubre de 2019, 50 operadores de teléfonos móviles habían lanzado servicios 5G en 27 países. Se espera que para el 2025 este servicio esté disponible en el mundo entero. En Puerto Rico está meramente comenzando. Sin embargo, nos prometen que muy pronto penetrará el mercado.

Estas son las maravillas… pero ¿cuán segura es esta nueva tecnología? ¿Es cierto lo que nos advierten de que esta técnica emite radiación y puede dañar nuestro ADN?

“Radiación” es un término sumamente amplio. Este término no debe usarse sin especificar a qué tipo de radiación nos referimos. Imagínense la radiación como una serie de ondas invisibles que se asemejan a las olasdel mar. Mientras más corridas y más cerca estén las olas unas de las otras, menor la “amplitud” de las ondas y lógicamente más energía conllevan. 

Eso mismo ocurre con la radiación. Existen dos grandes categorías de radiación, que se definen de acuerdo con la amplitud de la onda y de la cantidad de energía que generan. En un extremo está la radiación electromagnética, emitida por la radio, TV, el Wi-Fi y los hornos microondas, cuyas ondas tienen una amplitud o separación mayor y por ende producen menos energía. A esta radiación de baja energía la llamamos “no ionizante” y como es de esperarse, es inocua. El argumento de que los teléfonos celulares causan cáncer carece de veracidad biológica, ya que la radiación que emiten no causa daño al ADN. 

Al otro extremo del espectro están las ondas de menor amplitud que contienen mucha más energía. Ejemplo son las ondas emitidas por las máquinas de rayos X y los rayos gamma. Estas son más peligrosas porque pueden penetrar y dañar el ADN, causando cáncer. Paradójicamente, la radiación puede curar el cáncer, porque es capaz de matar las células cancerosas cuando la aplica una persona bien adiestrada en radioterapia.

Entonces, ¿cuánto hay de verdad en la advertencia de que la radiación 5G causa “náusea, pérdida de cabello, depresión profunda, confusión, incapacitación…”? Esto demuestra una de dos cosas: la ignorancia de la persona que la escribe o, peor todavia, su intención de engañarnos. Estos síntomas que se le atribuyen a 5G son indicativos de una sobredosis de radiación de alta energía, como la de los rayos gamma.

La principal preocupación con los teléfonos celulares ha sido el potencial de que causen tumores cerebrales. Algunas investigaciones sugirieron un ligero aumento en la tasa de tumores cerebrales en la década del setenta, pero los teléfonos celulares no estaban en uso durante esa década. De hecho, las cifras más recientes de tumores cerebrales indican que su incidencia está estable o disminuyendo. Si los teléfonos móviles causaran cáncer del cerebro, uno esperaría que la incidencia de estos tumores estuviera subiendo.

Más adelante, en la advertencia falsa sobre el 5G, nos dicen:

“Sería lógico suponer que la tecnología 5G ha sido probada para detectar sus riesgos, pero esto simplemente no se ha hecho. No hay datos convincentes sobre el riesgo para la salud. De hecho, cuando se lance el 5G será la primera prueba real realizada en seres humanos. Esto no tiene precedentes para un lanzamiento de tecnología pública a gran escala”.

La realidad es que cuando lanzaron 4G tampoco hicieron pruebas, por tanto, sí existen precedentes. Además, las ondas emitidas por 5G son de más baja energía y menos capaces de penetrar en nuestro cuerpo que las ondas 4G. Los teléfonos 5G serán los más seguros. La tecnología 5G hasta ahora no ha causado nada de esos alegados efectos y tampoco los va a causar en un futuro.

Pero admito que, al menos, tiene un punto veraz ese bulo sobre el 5G:

“El lanzamiento del 5G será tan peligroso como encender un microondas, abrir la puerta y dejarlo encendido...”

¡Llevo horas intentando encender mi microondas con la puerta abierta, y todavía no he logrado exponerme al peligro de su radiación!


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