José B. Márquez

Punto de Vista

Por José B. Márquez
💬 0

Evidente el daño a la confianza social en Puerto Rico

Esta semana escuchaba a un analista radial mencionar que el gobierno no parecía notar el daño terrible que todas las investigaciones en curso le hacen a Puerto Rico. Aunque le concedí la razón al analista, dada su generalidad no pude evitar preguntarme qué de singular tienen estos señalamientos en los largos capítulos de corrupción en nuestra historia.

La “jerarquía” de las figuras involucradas, teorizaban algunos; la “cantidad” de casos de la administración actual, argumentaban otros; el uso de “medios electrónicos”, se sugería también. Ninguna de las teorías me convencía del todo.

Con la publicación hace unos días de la Encuesta Mundial de Valores para Puerto Rico 2018 se disiparon mis dudas. Esta encuesta, que se realiza en más de 65 países alrededor del mundo y no se llevaba a cabo en Puerto Rico desde 2001, mide el desarrollo de las democracias y los elementos sociales y culturales que las sostienen.

La premisa teórica de la encuesta es que el tejido social es tan importante para una sociedad como sus condiciones materiales. Por ello, los hacedores de política pública deben considerar, tanto el capital económico como el capital social, al momento de hacer proyecciones de desarrollo. Es decir, deben medirse tanto sacos de cemento como niveles de sociabilidad, tanto ingreso como bienestar social.

Habrá que analizar con detenimiento los distintos indicadores de la Encuesta publicada por el Instituto de Estadística y la Universidad del Sagrado Corazón. De entrada, algunas tendencias resultan interesantes, por ejemplo: se valora más que antes el tiempo libre (+13%) y menos que antes la religión (-10%); se cree más que antes en cambios sociales revolucionarios (+14%) y menos que antes en mejoras reformistas (-14%).

De otro lado, algunas tendencias eran impensables para 2001. Por ejemplo: que el teléfono móvil y las redes sociales estén entre las principales fuentes de información; que un 50% de los encuestados indique que votaría por candidaturas independientes y solo un 37% indique que votaría por los partidos tradicionales. 

Y regresando a la discusión pública sobre la gama de investigaciones en curso (digna de una serie de “Scandal” en Netflix), quizás los indicadores más pertinentes y devastadores son aquellos sobre la confianza en el liderato político: 90.2% de la población tiene poca o ninguna confianza en los partidos políticos y 84.9% tiene poca o ninguna confianza en el gobierno, una reducción de confianza de -28% desde 2001.

Vinculado a esto, 52% expresa no tener interés alguno en la política, casi el doble de la población que indicaba lo mismo para el 2001 (28%). Peor aún: 83.1% piensa que la compra de votos en Puerto Rico es “algo frecuente” o “muy frecuente”, 73.9% piensa que los ricos compran las elecciones y 61% piensa que la mayoría o todas las autoridades estatales tienen vínculo con corrupción. 

Si los niveles de confianza y las relaciones sociales son determinantes para el desarrollo socioeconómico, queda ahí expuesto el daño acumulativo que este tipo de casos y señalamientos provoca, ya no como crítica vaga sino como indicador claro y evidente.

Más allá de la credibilidad y las asignaciones federales a corto plazo, cada escándalo de administración pública resquebraja el tejido social, la participación política y la colaboración institucional imprescindible para construir país a largo plazo.

No colabora quien no participa, no participa quien no confía y no confía nadie. Eso es lo terrible.

Otras columnas de José B. Márquez

💬Ver 0 comentarios