Manuel Prats Vega

Punto de vista

Por Manuel Prats Vega
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Evitemos un segundo toque de queda

Al realizar este escrito, el toque de queda impuesto por el gobierno de Puerto Rico, en marzo 15 de 2020, ha detenido la propagación del coronavirus. Al acceder a la página del Task Force del Departamento de Salud observo que existen 143 casos hospitalizados por COVID-19; 383 camas de intensivo ocupadas de un total de 647; 243 ventiladores de adultos ocupados de un total de 1,100. Solo cuatro pacientes de COVID-19 están en ventiladores mecánicos.

A falta de pruebas y datos precisos, el mejor termómetro de la pandemia se refleja en el sistema hospitalario. El pueblo de Puerto Rico siguió las medidas preventivas recomendadas por el gobierno y ello ha sido un gran éxito.

Tan es así que tenemos recomendaciones del Task Force médico de Puerto Rico para una reapertura económica escalonada. En la ruta a seguir sometida por el organismo, el 25 de abril de 2020, específicamente menciona que el “lockdown” contribuyó a:

1) Preparar un sistema de salud hospitalario con personal educado sobre la enfermedad.

2) Establecer la capacidad de hacer pruebas moleculares de más de 1,500 diarias en laboratorios locales.

3) Adquirir pruebas serológicas conocidas como “rapid tests” que permiten determinar quiénes han sido infectados por el COVID-19.

4) Establecer la capacidad de ir fortaleciendo un sistema de rastreo de personas que han sido expuestas a algún paciente con enfermedad confirmada (contact tracing).

Es de conocimiento general que las últimas tres aseveraciones no han podido ser establecidas al día de hoy. El Departamento de Salud no tiene la capacidad para realizar dichas tareas y ha fracasado en implantarlas. En estos momentos de pandemia es imposible reinventar la agencia gubernamental. Dos meses después, Puerto Rico sigue sin rastreos de contactos, estrategia esencial para detener la propagación del COVID-19. Al mismo tiempo, las pruebas moleculares en el Departamento de Salud están reservadas para pacientes sintómaticos. 

La carencia de recursos en la agencia nos impide confiar en que el gobierno pueda detener el número de contagios tan pronto se abra la economía de todo el país. No nos podemos dar el lujo de caer en una segunda cuarentena, la cual sería desastrosa para la economía, la salud y el bienestar del pueblo puertorriqueño.

La gobernadora Wanda Vázquez, en sus mensajes, ha recalcado que la salud del país está por encima de todo. Siempre ha estado dispuesta a tomar decisiones difíciles y valientes en estas circunstancias de pandemia y emergencia de salud mundial. Por ello la invito a que considere seriamente a proteger el país de una segunda cuarentena en la cual todos los trabajadores de negocio propio nos tendríamos que acoger a la Ley de Quiebras, se paralizará el país y no tendremos las ayudas económicas del gobierno federal.

En el plan de reapertura escalonada no se hace mención de estrategias que eviten la entrada al país de pasajeros contagiados. Es de conocimiento mundial que el discernimiento de entrada de pasajeros con termómetros termales y entrevista de síntomas no son eficientes. La mayoría de los vuelos que llegan a la isla vienen de zonas de alto contagio conocidas como “hot spots” en Estados Unidos.

Aunque en estos momentos el tráfico de personas que llegue a nuestra zona sea menor de mil, el riesgo es latente. Cuando se abra la economía, y por consiguiente incremente la llegada de pasajeros a diez mil diarios, los contagios aumentarán y el riesgo de propagación del virus. En un futuro cercano se le requerirá a todo pasajero a nivel mundial un certificado de inmunidad contra el COVID-19 o realizarse pruebas serológicas antes o después de llegar a su destino. No hace ningún sentido no invertir desde ahora en alguna estrategia efectiva. De la misma manera que fuimos pioneros en el toque de queda, podríamos ser pioneros en pruebas rápidas para todo pasajero que llegue al país. En otros lugares como Arabia Saudita y Hong Kong han implantado esa medida parcialmente.

La logística para realizar dichas pruebas de una manera rápida, precisa, eficiente y certera no puede pretenderse delegarla a nuestro frágil Departamento de Salud.Propongo que el Colegio de Médicos se encargue de seleccionar médicos voluntarios para realizar esa monumental tarea en colaboración con el Departamento de Salud. El aeropuerto es nuestro Tendón de Aquiles. El costo de no hacer nada es demasiado alto pues nos garantiza una segunda cuarentena después del verano, lo cual sería letal económicamente para el país. Es hora de luchar por nuestra sobrevivencia y por nuestro futuro. Confío en que esta propuesta de colaboración de la clase médica, el Departamento de Salud y el gobierno ejecutivo será un triunfo en esta lucha para estabilizar la pandemia.

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