Eduardo A. Bhatia

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Bhatia
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Extirpar el cáncer de la corrupción en el gobierno

Ha sido un día de indignación para el pueblo de Puerto Rico. Los arrestos realizados por las autoridades federales demuestran que el cáncer de la corrupción ha hecho metástasis en el gobierno de Ricardo Rosselló.  Raúl Maldonado tenía razón: existe una “mafia institucional” en las altas esferas del gobierno. 

A diferencia de algunos comentaristas o analistas locales y en el mundo, estoy convencido de que en Puerto Rico la mayoría rechaza la cultura de la corrupción.  Nuestro pueblo es un pueblo noble con tradiciones de honestidad y limpieza.  

Hoy cada puertorriqueño se tiene que mirar en un espejo y decidir si se une a la lucha para detener a esa minoría que ha abusado de la confianza y del poder.  

Yo llevo 25 años sirviéndole al pueblo de Puerto Rico en distintas posiciones. He dirigido agencias y el Senado sin un solo señalamiento.  Me inspiran diariamente grandes figuras con hojas de servicio intachables: desde mis padres Carmiña y Mohinder; mi tía abuela Felisa Rincón de Gautier; Don Luis Muñoz Marín; Roberto Sánchez Vilella; Luis Ferré; Rafael Hernández Colón y tantos otros que supieron honrar el servicio público y la confianza del pueblo.  

Basado en esa experiencia, insisto en que la prioridad del gobierno que aspiro a presidir desde enero de 2021 será enfrentar, sacar, eliminar, ese cáncer y luchar por recuperar la credibilidad de las instituciones públicas. Los arrestos, unido a los constantes escándalos en estos años del gobierno Rosselló, ponen en peligro el acceso del pueblo a sus servicios esenciales, como son la salud, educación, y seguridad.  

El pecado más grande es saber que en lo que ocurrió ayer el dinero era el destinado para la salud y la educación de nuestra población más pobre. Los ricos pueden acceder a hospitales y escuelas privadas sin problema. Dentro o fuera de Puerto Rico.  Pero para millones de puertorriqueños eso no es una opción.  Que lo poco que se asigne vaya a la corrupción es realmente doloroso e imperdonable.   

Todavía falta saber lo que ocurra, si algo, en el Departamento de Hacienda donde se alega que extorsionaban, vendían influencias y eliminaban deudas sobornando a funcionarios públicos.  Como existe una mafia, tiene que existir un “padrino”.  Las mafias no funcionan solas.  ¿Quién es el padrino? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos en los próximos días.  Los “capos” de esta mafia son muchos de los funcionarios, asesores, cabilderos y hasta jefes de agencia que se prestan para esa corrupción; y los líderes que miran para el otro lado cuando se enteran de actos ilegales.  De esos, lamentablemente, sí aparenta haber muchos en Puerto Rico.                                                                              

Nos toca, pues, a todos extirpar el cáncer de la corrupción en el gobierno, que tiene un efecto nefasto en nuestra vida de pueblo. Y no es un asunto de crear leyes nuevas: muchas de las leyes ya existen. De lo que se trata es de reclutar en el gobierno a funcionarios honestos, que estén dispuestos a trabajar sin ánimo de lucrarse o lucrar a otros. Eso debe ser un mandamiento. 

No puedo terminar sin enviar un mensaje a los miles de empleados públicos, y a los jefes de agencia que son honestos y que hacen su trabajo todos los días: el silencio no es opción. El que destapa la corrupción no es chota; es héroe.  Es el momento de denunciar las prácticas corruptas y deshonestas en el gobierno, en todos sus niveles, en todas sus dimensiones, en todos los renglones. 

Ricardo Rosselló es el hijo de Pedro Rosselló.  Si algo tenía que hacer Ricardo era asegurarse que, por las razones históricas que todos conocemos, la corrupción no se comiera su gobierno también.  En eso ya fracasó.

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